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Enrique Loynaz: poesía del Galvanic a la guerra

Publicado: 2018.02.15 - 18:28:34   /  web@renciclopedia.icrt.cu  /  Laura Barrera Jerez
  

“En lo alto, sobre la escala del obenque, acechando entre las olas del horizonte la espumosa línea de traidora rompiente, impertérrito bajo los chorros de la lluvia, a la luz de los relámpagos, lo vieron desde el ventanillo de la cámara unos ojos angustiados... Juanita, la linda hija de don Martín del Castillo, contemplaba por primera vez un héroe...”

Finalmente, después de aquella tormenta a bordo del pailebot “Galvanic”, el capitán y la bella joven unieron sus vidas. De su amor nacería Enrique Loynaz del Castillo, atemperado siempre al coraje del padre y la sensibilidad de su madre. Sería, en su justa medida, un General de las tropas mambisas con inspiraciones de poeta romántico.
Había nacido en Puerto Plata, República Dominicana, el 5 de junio de 1871 y fue uno de los que llegó a Cuba el 25 de junio de 1895 en la Expedición Sánchez-Roloff. Pronto tuvo su bautismo de fuego en Taguasco y Los Pasitos y participó como delegado en la Asamblea de Jimaguayú. Allí tuvo el honor de escribir la declaración de independencia contenida en la constitución aprobada. El documento original, de su puño y letra, aún se conserva en el Archivo Nacional de Cuba.

Fue en 1892 cuando conoció a José Martí en Nueva York, una figura que, sin dudas, lo marcaría para siempre. Aprendió a admirarlo por su entrega a la causa cubana y por su incontenible talento para hacer poesía hasta en las circunstancias más difíciles.

Enrique Loynaz: poesía del Galvanic a la guerraDespués, en sus apuntes de la guerra y de la vida, volumen publicado bajo el título de “Memorias de la Guerra”, describiría una peculiar semblanza del Apóstol: “Al terminar nuestra larga visita ya Martí nos había regalado, con amable dedicatoria, sus últimos libros. En el de Ramona había escrito: A Enrique Loynaz, que amará, con su alma tierna y fogosa, a mi pobre Alejandro. Y viendo empolvado mi sobretodo tomó un cepillo y con esmero lo sacudió. Y antes que pudiera impedirlo, ¡había sacudido también el polvo de mis zapatos!... ¡A mí me pareció tener delante la encarnación de Jesucristo!”

El General Loynaz había colaborado con Martí en los preparativos de la expedición de La Fernandina. Al fracasar este intento para enviar armas a Cuba, se refugia en Costa Rica y allí le salva la vida a Antonio Maceo, víctima de un atentado. Así describió su hazaña: “Inmediatamente oyéronse voces: “¡A Maceo! ¡Tiradle a Maceo!” Y estallaron de nuevo los disparos; de un lado los españoles y del otro Pepe Boix, Adolfo Peña y yo respondiendo con nuestros revólveres. Inclinábase el general Maceo a recoger el paraguas –que una bala le había arrebatado- cuando Isidro Incera, que corriendo se le acercó, le disparó por la espalda, hiriéndolo a lo largo de la espina dorsal hasta internarse el plomo en el cuerpo, aparentemente en el pulmón. Vi al General caer en la acera, la mano en la pared: y a Incera metiendo cápsulas en el revólver, que ya tenía agotada la carga, volver sobre sus pasos para rematar al General. Rápido, disparé sobre el agresor, a la frente... Y al caer, le repetí, en la parte posterior de la cabeza, otro disparo”.

Sin embargo, una de las obras más reconocidas de Enrique Loynaz nació como respuesta a una afrenta. Sucedió el 15 de noviembre de 1895 cuando la columna invasora descansaba en la finca Matilde, propiedad del padre de Amalia Simoni (viuda de Ignacio Agramonte). Los españoles habían dejado escritas en una ventana, algunas palabras ofensivas hacia los mambises. Fue entonces cuando el General Enrique Loynaz decidió pintar una bandera y escribir versos patrióticos. Las estrofas brotaron como torrentes y luego aquel poema se convertiría en el Himno Invasor.

Otra vez, como en el “Galvanic” fundador, las horas tormentosas marcaban sentimientos: “…De la guerra la antorcha sublime/ En pavesas convierte el hogar;/ Porque Cuba se acaba, o redime,/ ¡incendiada de un mar a otro mar!...” Esas certezas lo acompañaron hasta el día de su muerte, el 10 de febrero de 1963.

 

 
 
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