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Ambrosía materna

Publicado: 2017.08.02 - 14:45:46  /  web@renciclopedia.icrt.cu  /  Jessica Ana Galindo Travieso

Existe en China, cerca de la frontera con el Tíbet, una etnia que tiene, quizás, como característica más llamativa, el hecho de que son una sociedad matrilineal. Este tipo de grupo está regido por una matriarca que, junto con las demás mujeres principales de los clanes, se encarga de administrar sus asuntos económicos y sociales. La descendencia de los mosuo, entonces, no “pertenece” al padre, ni lleva sus apellidos; las herencias pasan de madres a hijas; los hombres se ocupan, en primer lugar, de los hijos de sus hermanas, y se mantienen viviendo en casa de su progenitora, aun después de ser, ellos mismos, padres. La mujer es la que, a fin de cuentas, decide el funcionamiento de su comunidad.

Esta asociación tan curiosa para los que nacemos y vivimos en sociedades harto patriarcales, se ha venido estructurando a través de los siglos en virtud de circunstancias específicas de cada núcleo. Sin embargo, puede rastrearse un elemento común que podría vincularlas, y es que solo la mujer tiene la capacidad de custodiar la gestación de los vástagos. A priori, únicamente este elemento asciende al tan equivocadamente llamado “sexo débil” a un nivel superior. Y para más mérito, no solo es a la madre a quien compete el desarrollo intrauterino de la criatura, sino que también es capaz de proveerla de un alimento extraordinario.

Hasta muy desarrollada la segunda mitad del siglo XX, no hubo una campaña exhaustiva en pos de concienciar a las madres, a las familias y a la sociedad sobre la importancia de la lactancia materna. La creciente renuncia a este tipo de alimentación a los infantes, hizo movilizar a las organizaciones mundiales que velan por la salud y la infancia, para potenciar el conocimiento sobre los beneficios de esta sustancia, y así aumentar el número de madres que, responsablemente, brindan a su bebé todos los nutrientes que de forma natural su cuerpo produce.

Y es que la leche materna puede ser considerada un verdadero e inigualable alimento inteligente. No es propaganda frívola el promover sus cualidades, sus efectos y protección contra afecciones: la primera leche, llamada calostro, tiene un efecto laxante que ayuda a la expulsión del meconio, a la vez que resuelve los requisitos de los órganos aun sin madurar; tal fluido, ya el definitivo, cambia dependiendo de la edad del niño y sus necesidades, mantiene la temperatura adecuada para la ingesta, no presenta la misma composición durante el día que en la noche, ni siquiera al principio y final de una toma, cuando presenta mayor concentración de grasas; todo ello, sin dejar de aportar vitaminas y minerales, enzimas y hormonas, anticuerpos, disminuyendo el riesgo de alergias graves, de muerte súbita, de obesidad, de diabetes, además de permitir la elaboración de lípidos, lactosa y proteínas, a partir de compuestos ya presentes en el organismo.

Igualmente, el acto de amamantar trae provechos inconmensurables para la madre, puesto que ayuda a evitar hemorragias en posparto, a la mejora de la mineralización ósea, a la involución del útero, a la conciliación del sueño y a reducir las probabilidades de sufrir posteriormente a causa del cáncer de mama y de ovario. Todos beneficios físicos que aceleran la recuperación de la madre e inician con vigor y nutrición sin par la existencia de los retoños. Estos son factores corporales que valen gracias a la leche materna, pero hay otro componente que se ve favorecido por la lactación, y es el psicológico.

Después del parto, únicamente cuando la mamá amamanta al bebé, es que vuelven a fusionarse dos seres en uno, justo como, siendo este aun feto, era esperado el momento en que saltara al mundo. Los dolores, las molestias que puedan sentirse en los primeros días posteriores al alumbramiento, son desplazados por la plenitud que constituye tener en brazos a la criatura esperada por tantos meses, mantenerla protegida, abrigada y siendo alimentada por una sustancia tan nutritiva.

Psicológicamente, el hecho de que el recién nacido necesite tomas de leche cada cierto tiempo, y que demande estar cerca del calor de su habitáculo primero, va preparando a la mamá para la nueva etapa que comienza, en la que, de forma predominante, su hijo dependerá de ella y de todos sus cuidados. Es tan vital para el bebé estar lo más pronto posible cerca de su madre que, según se ha determinado, esta unión debe producirse, al menos, en las dos primeras horas después del nacimiento, para así favorecer no solo la lactancia sino también la tranquilidad del pequeño.

Se dice que la lactancia se aprende por imitación, pero es esta una verdad a medias. También se toma conciencia de este acto por medio de la instrucción sobre sus beneficios, a través de la responsabilidad que debe sentir la sociedad, las organizaciones de la salud y las que se encargan de custodiar la seguridad de los niños, sus madres y la familia toda.

Los que conocemos de las virtudes infinitas de ese néctar que desde los senos de la mujer se transmite a las generaciones siguientes, debemos insistir en que los niños disfruten y se aprovechen de la lactancia materna, obligatoriamente, al menos los primeros seis meses de edad.

Es por eso que esta Semana mundial de la lactancia materna, la vigésimo quinta ocasión en que este asunto se encuentra en el centro de debate en más de 120 países, debe ser un momento en que se refuerce la educación de estos contenidos y se tomen iniciativas para la mejor y más eficiente toma de conciencia por parte de todos los núcleos sociales.

Sería un sacrilegio a la propia naturaleza femenina el negar un regalo tan hermoso e increíble como es el de poder amamantar a nuestros niños y niñas con una fórmula insuperable; fórmula que aun, después de tantos adelantos científicos, continúa sin mejora posible. Los mejores obsequios que recibirán nuestros pequeños habitan, sin ir más lejos, en nosotras.
 



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