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José Julián Martí Pérez: nuestra salvación nacional

Publicado: 2017.01.28 - 09:51:05   /  web@renciclopedia.icrt.cu  /  Jessica Ana Galindo Travieso
  

José Julián Martí Pérez: nuestra salvación nacional“Ancho es mi corazón, y es todo tuyo.
¡Todo lo triste cabe en él, y todo
Cuanto en el mundo llora, y sufre, y muere!
De hojas secas, y polvo, y derruidas
Ramas lo limpio; bruño con cuidado
Cada hoja, y los tallos; de las flores
Los gusanos y el pétalo comido
Separo; oreo el césped en contorno
Y a recibirte, oh pájaro sin mancha,
iApresto el corazón enajenado!”

José Martí

A Martí no se le celebra con algarabía ni risas. Se le aplaude en silencio, se le rinde homenaje por dentro, se le agradece con solemnidad y respeto. A José Martí hay que reverenciarlo con dolor, porque su vida estuvo determinada por él y a él se debió, fue su hijo. Hay que amarlo con orgullo, pero ese con que se honra a los mártires, en el que el martirio recibe a la muerte pero signa la vida.


José Julián Martí Pérez no nació hace 164 años para disfrutar placeres acomodados, sino para dejar provecho en otros; hizo de su existencia una peregrinación constante, que no fue seducida por bienes o facilidades. A un ser así no se le debe más que extrema consideración, y se le conserva cual grávido creyente.

En cada aniversario de su nacimiento debería propiciarse la pregunta de qué más podemos hacer para perpetuar la obra martiana, qué falta, qué debe ser mejorado para que cada ser que vive en la tierra a la que Martí entregó los años de su vida consciente, tenga, al menos una parte de la sensibilidad que brotó de este ser. El notabilísimo Cintio Vitier, iluminado escritor y ferviente estudioso de Martí, propuso lo siguiente:

“Imaginemos a un ciudadano, (…), a quien, de niño, en el Círculo Infantil y en el pre-escolar, le hayan hablado adecuadamente de Martí; que entre los cinco y los once años, le hayan leído los cuentos de La Edad de Oro y él mismo haya leído algunos poemas, de Ismaelillo y de los Versos Sencillos, con el contexto biográfico e histórico asequible a su edad; que de los doce a los catorce años en la Secundaria Básica, ampliando las lecturas anteriores y siempre con la iconografía correspondiente haya entendido la dedicatoria de Ismaelillo y el prólogo de los Versos Sencillos, mediante una breve explicación de lo que fue la Primera Conferencia Internacional Americana, así como, con análoga contextualización, biográfica e histórica, textos como ꞌCéspedes y Agramonteꞌ, ꞌRafael María de Mendiveꞌ , ꞌMi razaꞌ, ꞌEl general Gómezꞌ, ꞌAntonio Maceoꞌ, ꞌMariana Maceoꞌ, el Prólogo a Los poetas de la guerra , ꞌEl teniente Crespoꞌ, ꞌConversación con un hombre de la guerraꞌ y las ꞌCartas a María Mantillaꞌ; que ya en el noveno grado, ha sido capaz de redactar la síntesis de la vida y obra de Martí, con sus impresiones personales de las lecturas realizadas.

“Ese adolescente, en tránsito hacia la primera juventud, continúe o no estudios preuniversitarios o politécnicos, de los quince a los diecisiete años, debiera tener a mano, como compañía vitalicia de un maestro cuyo gusto ya ha adquirido El Presidio Político en Cuba, las cartas a Gómez y a Maceo de 20 de julio de 1882, Vindicación de Cuba, el discurso ꞌMadre Américaꞌ, fragmentos de las crónicas sobre el Congreso Internacional de Washington y la Conferencia Monetaria, ꞌNuestra Américaꞌ, ꞌCon todos y para el bien de todosꞌ, ꞌLos pinos nuevosꞌ, las Bases del Partido Revolucionario Cubano, la carta abierta a Enrique Collazo, ꞌEl tercer año del Partido Revolucionario Cubanoꞌ, ꞌLa verdad sobre los Estados Unidosꞌ, ꞌLos pobres de la tierraꞌ, las cartas a Federico Henríquez Carvajal y de despedida a la madre y el hijo, el Manifiesto de Montecristi, el Diario de Campaña, las últimas cartas a la familia Mantilla y la carta trunca a Manuel A. Mercado.

“¿Parece mucho pedir, mucho esperar? (…) En esta hora de Cuba, (…), considerando que él es el centro de nuestra historia y de nuestro proyecto cultural revolucionario, no creo que tengamos más segura tabla de salvación nacional”.

Esto lo dijo Cintio el 9 de septiembre de 1994 en el Centro de Estudios Martianos. Pero, ¿por qué la excepcional necesidad de incorporar en cada nivel educacional a Martí?

Quien no haya leído sus textos, no sabrá contestar con justeza. A tales genios no se les puede conocer desde el balbuceo memorista: hay que sentirlos, experimentar cada palabra, pausa, cada exclamación, cada imagen. De José Martí hay que escudriñar sus discursos, mejor testamento y fotografía de sí mismo.

Hombre que vivió a la par de su pluma y de su acción libertaria. Quien lea tan solo una de sus cartas, uno de sus diarios, de sus artículos, poemas o notas, no podrá hacer otra cosa que volver, casi obsesivamente, a seguir descubriendo esta sensibilidad tan asombrosa y única.

Y es que hablar de un ser de tan inmensa luminosidad, se experimenta a veces con ciertas limitaciones, pues no siempre se hace fácil traducir al lenguaje hablado el que se construye al interior; mucho menos cuando está articulado sobre una masa tan densa de admiración, plenitud y vastedad, en la que seguramente más de un erudito puede quedarse boquiabierto ante un espíritu de tal desbordamiento.

Al propiciar el acercamiento, de forma inteligente, a la obra martiana, se estaría potenciando una materia multidisciplinaria: en ella encontramos educación cívica, patriótica, de valores; abrimos túneles hacia conocimientos atemporales, hacia imaginaciones nunca vanas, sino portadoras de algo más importante que el bello artificio, justamente, porque son plataforma de los nutrientes de las buenas almas, los sentimientos puros y humanistas.

Todo eso, y más, engloba José Martí, pero esa certeza debe ser constatada por cada curioso; son las individualidades las que deben ingerir por sí solas para después elaborar y disponer, de conjunto, un gran banquete.

A todo proyecto que se abandere con aura martiana, de forma concienzuda, le será muy espinoso terminar contumelioso, porque esa grandeza llega a expandirse, ese verbo arpado, que se impone con dignidad y dulzura al mismo tiempo, acaba por impregnarse hondamente.

Cuba es un país afortunado. Somos un pueblo que no precisa ir lejos para reencontrarse con sus designios. Tenemos nombres que nos dejaron como legado sus ideas, análisis, consideraciones sobre sus contemporáneos, que no son tan diferentes de los nuestros.

Si buscamos referencias foráneas, es para expandir, matizar las que forman parte de la bibliografía necesaria para levantar las ruinas que nos aquejan y seguir construyendo, poco a poco, desde los cimientos, porque ellos también se han ido resquebrajando. Hay que indagar en nuestros propios archivos, allí se encuentra todo.

Empapémonos de nuestra cultura. Es la única forma de continuar hinchiendo de energía vital a Martí: no entregándonos al conformismo, trabajando, dejando nuestras vidas en la misión que pone por encima de todo a la “humanidad viviente”, esa que tenemos al lado, codo a codo, en la cotidianidad que no podemos permitir que nos engulla.

 
 
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