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La Helena del Caribe

Publicado: 2017.02.06 - 12:17:56  /  web@renciclopedia.icrt.cu  /  Jessica Ana Galindo Travieso

La Helena del Caribe“… cómo el mar traza surcos que no tienen nada que ver con el tiempo,
y la arena se alza en torbellinos que no tienen nada que hacer en absoluto,
y las sombras solo responden ante el sol”.
Derek Walcott

En la isla de Santa Lucía son compartidas muchas culturas, se entremezclan, se funden, se revuelven entre ellas, así como un inmenso guiso en el que todos los ingredientes intercambian sus sabores entre sí, pero no pierden su esencia.

Fue una tierra constantemente disputada entre dos imperios, el británico y el francés, siete veces gobernada por cada uno, casi en un cachumbambé en el que el poder se cambiaba de asiento a su arbitrio.

No obstante, como siempre sucede, los espectadores de tal “diversión” se empaparon de la saturación que desprendía, y con el pasar de las generaciones ese intruso se fue convirtiendo en nativo, aderezando la fuerte presencia del bagaje cognitivo y espiritual de los que para entonces ya habían llegado secuestrados desde África.

Nombrada la isla de Santa Lucía por haber sido visitada por la expedición colombina un 13 de diciembre, día del santoral de la mártir de la Iglesia Católica… pero –quizás por caprichosa interpretación metafórica, -no forzada-, también, así como la siciliana, a quien no pudieron llevar para ultrajar, ni siquiera atando manos y pies; a quien separaron de su cuerpo sus ojos, mas no la vista; así, al igual que muchas islas caribeñas, esta tampoco entrega de golpe lo que más la hace auténtica, que es su entramado cultural.

Los festivales, los carnavales, la música cargada de percusiones metálicas, los movimientos acompasados, impulsivos y sincronizados de las figuras; la preparación gastronómica, que puede compartirse con vecinos de la región, pero sin perder su estilo; todas sus letras, sus imágenes, sus creaciones, todas, son expresión viviente de un conjunto preciado que deja, de alguna forma, la humanidad.

Cuando ese gran relato es orquestado como una sinfónica magistralmente coordinada, en que cada instrumento aporta sus notas para mezclarse como uno solo, magnífico, como un inmenso sonido compuesto por maravillosos acordes individuales, la calidad toma otras dimensiones, se viste de trascendente.

Derek WalcottEso es lo que sucede en cada masa de tierra que se agrupa por las semejanzas, no por las diferencias; y, en realidad, cuando se comprende desde un punto de vista global, encontramos ese algo, ese misterio, entre la suma de todos los hombres.

De Santa Lucía es Derek Walcott, uno de los escritores más sensibles en torno a las problemáticas que presenta la región caribeña. Ganador del premio Nobel de Literatura en 1992, explora, desde la intimidad de su charco, los grandes universos que se mantienen enigmáticos al interior de todo ser humano, y los entiende como contienda épica, mítica por naturaleza; encerrando, a la vez, lo más grandioso y lo más mundano, ambos cohabitando cada espacio conformado entre huesos, piel y nervios.

Si alguien podría transmitir lo que esta isla emana es este autor. Un crítico afectuoso, como todo eterno amante de su tierra, Walcott complejiza sobre la condición de sus hermanos, sobre el sino que cubre la colonización, la multiplicidad de culturas que alimentan a un núcleo que colisiona cual cuerpo celeste.

Por las palabras escritas de un hombre, puede vislumbrarse todo un cosmos cognitivo; puede figurarse lo existente, sin necesidad de estadística o característica arrojada, solo para añadir líneas silentes. Si queremos conocer sobre un país, exploremos las sensibilidades de su gente oriunda… siempre agradecida la poesía.

 

“(…) Así, como un diarista sumergido en arena,
Señalo la paz con que bendeciste
Estas Islas, haciendo descender
Una fina escalera para encender las lámparas
Contra el rumor de la arena nocturna, protegiendo
Con una mano este manto agitado,
O simplemente desescamando el pescado para la comida,
Las cebollas, el pan, el lucio, el pargo rojo,
Y en cada beso el áspero sabor del mar
Y la manera en que a la luz de la luna
Te inclinaste al estudio de la terca paciencia
De la marea, aunque eso te parezca un despilfarro”.



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