Como merecido tributo, van estas líneas dirigidas a quien todo lo dio por la libertad de Cuba y ahogó el sufrimiento personal por defenderla, a Carlos Manuel de Céspedes (1819-1874), en el año del bicentenario de su natalicio, consagrado merecidamente como Padre de la Patria cubana por todos los símbolos que convergen en su personalidad, su pensamiento y acción, que fecundan la historia nacional.
Como padre amantísimo supo brindar a sus retoños naturales el cariño paternal profundo que sentía, aún estando lejos del hogar, siempre preocupado por la educación y los avances de sus hijos Amado Oscar, los mellizos Gloria y Carlos, y Oscar.
A Céspedes habrá que reconocerle siempre su inquebrantable firmeza, su fidelidad sin límites a la causa, ante los ofrecimientos de los españoles para que abandonara la lucha y al costo de la vida de su hijo Amado Oscar, quien con apenas 23 años, y siendo teniente del Ejército Libertador, también prefirió morir en manos enemigas que escribir una carta personal a su padre para que abandonara la lucha. Así exclamó cuando fue conminado a hacerlo: “¡Primero perezca toda mi familia, y yo con ella, que hacer traición a mi Patria!”.
Fue esa una digna respuesta al opresor español y derivación entrañable de la estirpe patriota de su padre, de las profundas raíces libertarias que supo sembrar en todos, especialmente en los suyos.
Con excepcional dignidad respondió Céspedes a la patraña, el engaño y el chantaje a la que estaba siendo sometido por el Capitán General de la Isla: “Duro se me hace pensar que un militar digno y pundonoroso como vuestra Excelencia, pueda permitir semejante venganza si no acato su voluntad; pero si así lo hiciere, Oscar no es mi único hijo, lo son todos los cubanos que mueren por nuestras libertades patrias”.
Fue profundo su dolor, como solo un verdadero padre puede sentir por la pérdida de su hijo querido. Desconocía él que ya desde dos días antes había sido fusilado. Su fortaleza y capacidad para poner los intereses y destinos de Cuba, la libertad ansiada, por encima de sus aspectos familiares, lo elevan aún más al supremo grado de patriota de excelsas cualidades.
El Diario Cubano que se editaba en Nueva York utilizaría por primera vez el 4 de junio de 1870 el calificativo de Padre de la Patria cuando exponía:
“… si el gobierno español trató de aprovechar esta ocasión para hacerle proposiciones degradantes, nuestro Presidente (de la República en Armas) recordaría que todos los cubanos vemos en él, desde hace año y medio, ¡el primer padre de la Patria! Ha perdido el afecto de un hijo por la carne, pero le queda el de todos los que lo somos por la generación política del 10 de Octubre: ¡le queda el aprecio ilimitado de todo un pueblo!”.
Este 16 de junio, Día de los Padres, no faltará ese aprecio y el tributo de los santiagueros, en nombre del pueblo de Cuba, ante el conjunto escultórico que guarda sus restos, en el cementerio patrimonial Santa Ifigenia.
En una jornada en la que reinarán abrazos, felicitaciones y encuentros familiares, este domingo muchos en la ciudad de Bayamo también manifestarán el eterno cariño por el prócer de la independencia de Cuba.
Ante las estatuas que perpetúan su imagen en ambas ciudades, se recordará al insigne patriota con actos donde no faltarán las canciones, los poemas y las flores para quien también fue un hombre de carne y hueso que amó, creó y sufrió los avatares de la vida.