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¿Dónde está mi Habana? pregunta F. Mond, esta vez en Ediciones Cubanas de ARTex

Publicado: 2020.11.15 - 12:39:35  /  alinaig@enet.cu  /  Alina Iglesias Regueyra

¿Dónde está mi Habana? pregunta F. Mond, esta vez en Ediciones Cubanas de ARTex

El 24 de septiembre de 1983, el escritor matancero Félix Mondéjar Pérez terminó de escribir el que sería uno de los libros más gustados por sus lectores, y lo propuso a la editorial Letras Cubanas, institución que lo sacó a la luz en 1985 dentro de la Colección Radar, según consta en la primera edición. Su título es ¿Dónde está mi Habana? y constituye un ejemplo de lo que su creador concibió como “ciencia ricción”, una especie de subgénero de la ciencia ficción que incluye la risa, de ahí el nombre, como uno de los recursos más interesantes a manejar dentro de la narración.

De esta manera, el humor es un ingrediente más que enriquece la dramaturgia y contribuye a dinamizar las peripecias relatadas sin menoscabo alguno de la calidad literaria, en tanto aporta al lenguaje juegos sintácticos y semánticos que complejizan estructuralmente la obra y le otorgan una mayor belleza formal y conceptual.

¿Dónde está mi Habana? pregunta F. Mond, esta vez en Ediciones Cubanas de ARTex

En aquella oportunidad, la edición estuvo a cargo de Miriam Martínez, la corrección de estilo era de Verónica Riveiro y la cubierta fue confeccionada por Manolo González. En esta última, se observaba jocosamente un dibujo del propio autor en el rol del conocido personaje Monsieur Larx, androide construido por la civilización hiperdesarrollada de Nuevo Korad, oriunda del planeta Marte (Korad, en el idioma nativo de los marcianos; nombrados consecuentemente koradianos) y radicada en nuestra vecindad cósmica milenios atrás.

La máquina humanoide en cuestión posee un complejo diseño que incluye sensaciones parecidas a las nuestras y una capacidad para estudiar reacciones, apropiárselas e integrarse como uno más en una sociedad terrestre; es un fiel carácter que aparece en todas las obras del autor y le permite intervenir graciosamente en los acontecimientos que describe.

Y he aquí que Ediciones Cubanas de ARTex nos propone una nueva publicación del libro, para beneplácito de sus admiradores, en formato digital y probablemente impreso muy pronto. Cuenta con la edición y corrección de Dulce María Sotolongo y el diseño de Reynaldo Aquiles Duret y Rafael Lago Sarichef, quienes elaboran la imagen a partir del momento crucial de la abducción que desencadena los hechos narrados y los vuelve a componer de vuelta, pues de eso trata el argumento: un joven universitario de 23 años, aficionado a la arqueología, llamado David, y su amigo apodado Zanahoria, de 21, acampan en la cayería norte de Camagüey para investigar. En la madrugada, cierto cono de luz vibratorio lo despierta, atrae y sorbe hacia otras coordenadas temporales… pero también espaciales, pues además de aterrizarlo 220 años atrás, el muchacho descubre que esa precisamente no es “su” Cuba, y mucho menos “su” Habana.

Resulta que ha caído por error en el campo pts de una nave koradiana PL que trata de localizar a otro vehículo perdido antaño, el cual ocasiona no pocos infortunios en el Triángulo de las Bermudas.

Mediante la lectura, asistimos a un doble viaje al pasado: a la Cuba de 1981, marcada por el propio presente del autor cuando creó su novela, y a la de 1761, adonde llega el protagonista David por culpa de una fallida operación koradiana. Así, nos vemos inmersos también en una doble confrontación con costumbres, valores, entornos y otros detalles exhaustivamente descritos que, a la altura de la actualidad cubana, ya merecen el sello de nostalgia y respeto que otorga el tiempo.

Es interesante anotar que F. Mond -tal es su reconocido nombre artístico, muy efectivo para ser recordado por su brevedad- dedica su obra a Serguéi y Alexánder Abrámov, agradeciendo esa maravillosa -también al decir del autor- novela de ciencia ficción que es Viaje por tres mundos, todo un clásico de la literatura soviética del género, homenajeada por el cubano en sus letras.

La lectura se disfruta no solamente a partir de la hilaridad que provoca a cada paso, sino por la bien fundamentada investigación histórica, a partir de la cual, el escritor nos lleva de la mano a través de las calles y entornos pretéritos; mas no solo por lo que debió ser y estar, sino por las variaciones a ese pasado, a raíz del accidente descrito.

Así, nos pasea por un San Cristóbal de La Habana sin catedral, pues ni siquiera existe la antigua iglesia jesuita; en cambio, se había realizado la construcción del proyecto del ingeniero Bruno Caballero en vez de la Parroquial Mayor en el lugar donde luego iría el Palacio de los Capitanes Generales. Va sustituyendo realidades por posibilidades que fueron concebidas pero no ejecutadas, y nos da la visión de una Cuba probable en un pasado posible, donde Cristóbal Colón no descubrió América en 1492, debido a que sus naves desaparecieron en el trayecto (por cierto, habían zarpado en abril de 1485 en aquella fase temporal, pues el Rey hispano había dado su consentimiento enseguida); en cambio, Américo Vespucio lo logró en 1495.

Mond utiliza la incertidumbre como leit motiv de la narración, pues aunque esté David en el pasado, no es el pretérito conocido de sus clases universitarias, ni de sus investigaciones, ni de las huellas físicas que aun se conservan en su presente, sino otro pasado. Un pasado paralelo al real que él, por tanto, desconoce. Lo casual se enfrenta entonces a lo causal y marca diferencias a veces profundas con la historia conocida.

La filosofía aplicada a la literatura no termina ahí: el materialismo histórico propugnado por Karl Marx -curiosa similitud fonética de este apellido al del siempre oportuno Monsieur Larx- se manifiesta en la aproximación de hechos de ambos pasados paralelos; pues cuando las condiciones objetivas están creadas, suceden los acontecimientos que probablemente pueden o deben ocurrir. Por ello, si bien René Descartes es desconocido o inexistente en el lugar que visita David, otro francés de nombre Henri de Mourville es quien establece, también en 1596, su principio de “pienso, luego existo”, frase que emplean como palabra clave los francmasones en el relato.

De igual manera, se preocupa el joven por mantener la historia conocida, por lo que participa con pasión en la defensa de La Habana contra la invasión inglesa de 1762, muy consciente de que, según el estado de cosas en aquel entorno, La Habana sería sometida por mucho más tiempo que un año y medio, quizás… para siempre. De esta manera, logra desbaratar los planes y la flota de Albemarle en unos pocos días, allanándoles el camino a las tropas criollas de Pepe Antonio a partir del uso de una misteriosa arma koradiana facilitada por el robot.

En sentido contrario, David lamenta haber eliminado al abusador esclavista Rogelio Gamboa, quien destruye la vida de Chepa, la esclava de compañía de su amada en aquellos lares: la bella Rebeca; pues el occiso habría sido el abuelo de Leonardo Gamboa y Cecilia Valdés, y aquella Chepilla, la abuela; lo cual traería como consecuencia que en el siglo XIX, Cirilo Villaverde –en caso de existir en aquel plano espacio-temporal- no conocería la leyenda para convertirla en relato y luego en novela.

En este punto, es Larx (¿Marx?) quien le explica que anécdotas parecidas y figuras similares abundan o surgirán en dependencia de las casualidades y causalidades que den lugar a que aparezca la gran novela cubana, la cual quizás no sea exactamente la misma que él conoce, pero sí semejante, según los postulados de esta corriente filosófica.

Utopía, distopía, ucronía con disímiles y sucesivos puntos de divergencia y convergencia: todo ello asiste al autor. ¿El amor de Rebeca y el viajero temporo-espacial fructificará? ¿Logrará David regresar a su Habana? ¿Recuperará el devenir patrio, tan querido? Estas interrogantes tendrán una oportuna respuesta si concluimos satisfactoriamente la lectura que nos entrega Ediciones ARTex bajo la firma de F. Mond, quien nos invita a interesarnos por distintos momentos reales y posibles de una ciudad llena de misterios y encantos que pronto ya celebra su cumpleaños 501. 



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