
Entre las figuras responsables del apoyo de la tecnología para el óptimo desenvolvimiento de un concierto, se encuentra un especialista que si una vez concluido, todo se escuchó como debía ser, el aplauso va dirigido al músico en cuestión debido al alto rango de su propuesta artística.
Pero si hubo problemas con el audio, evidentemente todos los índices acusan al sonidista. Por lo tanto, nunca es tarde para avalar a quienes se han conformado un nombre por el magnífico desempeño de su labor durante años, al mismo tiempo que pretendo llamar la atención sobre quienes no asumen con el rigor profesional adecuado su responsabilidad ante el sonido de un espectáculo. Antes que todo, en este trabajo no se admiten improvisados, pues como los deportes de alto riesgo, hay niveles en los que el error de este ser humano, se permite solo una vez. Por eso es tan importante hablar de pruebas de audiometría para comprobar sus condiciones auditivas, y hasta de dominar conocimientos sobre la teoría musical que le permitan enfrentar cualquier problemática con un saldo favorable.
Claro, no son las mismas condiciones a las que se enfrenta un técnico de sonido en el proceso de grabación de un disco en el estudio, a el que tiene el deber de dominar el conjunto de variables de un espectáculo en vivo. Pero del mismo modo que, entre las categorías de los diferentes premios discográficos se destaca el relevante trabajo de un sonidista, también se debiera de reconocer aquellos que en los conciertos en vivo conocen perfectamente que subir la potencia del audio no implica mayor calidad, sino que se propician las condiciones para una desagradable distorsión alejada de cualquier parámetro aceptable.
A veces, la responsabilidad es del propio músico que, en el caso de ser un intérprete de rock, afirma que dicho género se toca alto y por lo tanto reclama más volumen. En realidad, el hacer referencia a la intensidad típica de esa música, no implica que esta se consiga subiendo el volumen hasta un nivel ensordecedor, pues los pasajes forte de Beethoven o de Wagner, son francamente apasionados y para nada distorsionados. Además, dicho técnico tiene que manejar una adecuada distribución del sonido del área a sonorizar, entre otros tantos requisitos a tener en cuenta.
Valga esta breve reseña sobre el papel del sonidista en vivo para recordar que estamos frente a una profesión que implica algo mucho más complejo que hacer sonar los bafles que tenemos frente a nosotros, sino hacerlos sonar bien.