
Transcurridos apenas 25 días del alzamiento armado del 10 de octubre de 1868 en la zona oriental de Cuba por Carlos Manuel de Céspedes y un grupo de valientes patriotas, alrededor de 76 camagüeyanos, procedentes de las capas más humildes de la población, se lanzaron a la manigua redentora para luchar también por la independencia.
Camagüey se preparaba desde antes para encarar la lucha libertaria, y sus líderes, principalmente Salvador Cisneros Betancourt e Ignacio Agramonte y Loynaz, mantenían fuertes lazos con revolucionarios de La Habana y la región oriental. Por esa vía conocieron del Grito de Yara y los tomó por sorpresa el hecho de que se hubiera anticipado el inicio de la guerra con el alzamiento de Céspedes.
Los independentistas de la región de Camagüey, habían sido partidarios de aplazar la insurrección hasta tanto reunieran una cantidad de armas y hombres considerables para enfrentar la represión española, de ahí que tuvieran que acelerar los preparativos.
La incorporación de los camagüeyanos significó el surgimiento un nuevo foco insurrecto en el entonces centro de la nación, suceso de extraordinaria importancia debido a que a partir de ahí las fuerzas principales españolas no podrían concentrar todo su poder humano y de armas en el centro principal del alzamiento para aniquilarlo.
Se hacía muy necesario el hecho de dispersar las tropas españolas por toda la Isla para evitar la concentración de fuerzas en un único lugar, de ahí la inmediata respuesta de las huestes camagüeyanas. Unido a ello, esos patriotas tenían el propósito posterior de extender la guerra hasta el occidente del país.
Al amanecer del 4 de noviembre de 1868 se reunieron en el paso del río Las Clavellinas, a trece kilómetros de la ciudad de Puerto Príncipe, para iniciar la insurrección. Luego marcharon al ingenio El Cercado donde Jerónimo Boza fue designado jefe militar de la tropa insurrecta y se organizaron siete pelotones al frente de los cuales marcharon prestigiosos luchadores.
Salvador Cisneros se había incorporado a la manigua el 5 de noviembre. Ignacio Agramonte tampoco estuvo entre los asistentes al alzamiento de Las Clavellinas, porque se le habían asignado tareas de apoyo en la ciudad. Su incorporación acaeció el 11 de noviembre en el ingenio El Oriente, cerca de las tierras de Sibanicú.
Ocho días más tarde de Las Clavellinas, el líder de los mambises en Camagüey, Ignacio Agramonte, fijó allí su Estado Mayor para, a partir de ese momento, formar y entrenar un disciplinado ejército que bajo su acertado mando infligió resonantes derrotas a las huestes españolas.
El Camagüey entraba en la guerra. Ese 4 de noviembre, hace 150 años, la ciudad “parecía una colmena alborotada, por todas las salidas se encontraban diez o doce a menudo con rifles, otros con escopetas, los otros con trabucos, muchos con machetes y otros sin armas de ninguna clase”, pero todos convocados por el grito de ¡Viva Cuba Libre!, aunque quedase mucho por recorrer en el camino para lograr la unidad entre las fuerzas cubanas.