Uno de los recuerdos más emotivos que tengo de mis estudios universitarios es el haber presenciado -hace algunos años- la visita de Hugo Chávez y Fidel Castro a la Colina Universitaria, de La Habana.
Cómo describir ese momento. Fidel y Chávez cerca de mí, un recuerdo que llevo celosamente guardado. Sentía la energía de ambos, su empuje, me irradiaban tranquilidad, seguridad.
A partir de ese momento, fue creciendo mi admiración, mi aprecio y amor infinitos por ese Comandante bolivariano, alegre y natural, que llegó al corazón de los venezolanos, cubanos y latinoamericanos de bien para quedarse por siempre.
Y no creo que haya un ser sobre la tierra que no tenga un aprendizaje que recoger de estos momentos de historia americana que vivimos, a través de este hombre inmenso que es y será siempre el comandante Hugo Chávez.
Por eso, no me resigno a despedirme de usted comandante, porque usted no ha muerto, vive y vivirá en cada ser humano con fe en el mejoramiento humano, vivirá en los ríos, en las montañas, en los árboles, de su Latinoamérica amada.
En estos momentos difíciles que nos tocó vivir, rememoro las palabras del Apóstol, muchas veces enarboladas por usted: “Es la hora del recuento y de la marcha unida y hemos de andar, en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”, a las que agrego, inspirados siempre en su ejemplo.
*Especialista en Medios de Arte, Radio Enciclopedia