
Todavía está recién en mi memoria cuando la Caravana que trasladaba sus cenizas, salidas del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) en las cercanías de la Plaza de la Revolución, poco después de las 7 de la mañana, doblaba por la esquina de Paseo y 23, para iniciar así un camino que llevaría a nuestro invicto Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz (1926-2016) -custodiado por las rosas blancas del Apóstol-, hasta la heroica ciudad de Santiago de Cuba.
En ese amanecer del día 25 de noviembre, hace hoy exactamente 4 años, Cuba no pegó ni un ojo porque se le iba su líder camino a la eternidad; y la más sincera promesa era decirle un adiós al paso del cortejo fúnebre, con la convicción profunda de sentirse Fidel, pensar y actuar como él, ante cada circunstancia.

Tributo a Fidel en los nueve días de homenaje después de su desaparición física.
Diría luego la narración popular y profesional que el dolor devino completamente poesía, en cada calle y ciudad, donde los cubanos le expresamos con carteles, fotografías, altares y diversidades de ofrendas, el amor infinito al hombre que nos enseñó que un mundo mejor es posible y que en la construcción del mismo mucho de espiritualidad cubana hay que aportar.
De ahí la clave que no solo Cuba lo llorara y aclamara sino la mayoría de la humanidad, porque universal se volvió su pensamiento y sus ideas acertadas de justicia social.
De Fidel aprendimos a querer al mundo. Fue su constante solidaridad la que cobijó a otros pueblos del planeta en su enfrentamiento ante desastres naturales y enfermedades difíciles de erradicar. Amplificó la ayuda entre los seres humanos y en su concepto de Revolución, nos legó también ese valor, junto a la modestia, el desinterés, el altruismo y heroísmo, advirtiendo que nuestra lucha consistía además en defenderlos al precio de cualquier sacrificio.
El Comandante supo amar y fundar, supo ser ejemplo y escuela, supo cultivar; y cuando un hombre acciona sobre la base sincera de sus sentimientos, no hay fuerza mayor que le destruya su legado.
A Cuba dijo en la clausura del VII Congreso del Comité Central del Partido, el 19 de abril de 2016: “Constituye un esfuerzo sobrehumano dirigir cualquier pueblo en tiempos de crisis”, pero sin ellos objetó, “los cambios serían imposibles”; por eso quiso reafirmarles ese día a nuestros hermanos de América Latina y del mundo que el “pueblo cubano vencerá”.
“(…) Emprenderemos la marcha y perfeccionaremos lo que debamos perfeccionar, con lealtad meridiana y la fuerza unida, como Martí, Maceo y Gómez, en marcha indetenible (…)”, y en cumplimiento estricto de su idea hemos transitado hasta ahora, enfrascados en una estrategia económica y social que no abandona, a pesar de crisis internacionales y pandemias, la voluntad política de desarrollar al país y continuar definiendo objetivos claves para el ordenamiento de nuestro proyecto emancipatorio.

Caravana que trasladó las cenizas de Comandante de la Revolución Fidel Castro Ruz a Santiago de Cuba a su paso por Holguín, el 2 de diciembre de 2016.
Para muchos cambió Fidel varios cursos de la historia, para otros hasta las inalterables leyes de lo natural; sin embargo para todos, su desaparición física nos demostró que la muerte, ni por asomo, puede extinguir la fuerza de su memoria ni su efecto energizante, casi divino para la humanidad.