
Cientos de jóvenes iluminaron hace 68 años la noche eterna cubana con el fuego de las ideas del Apóstol de la independencia de Cuba, José Martí. La marcha de las antorchas organizada en su memoria se realizó por primera vez en la medianoche del 27 de enero de 1953, para esperar el advenimiento del importante aniversario de su natalicio.
Ningún homenaje mejor entonces, a un siglo de las luces de Martí, que encender la llama de la redención entre los patriotas verdaderos. Aquel constituyó el más auténtico y sincero de los homenajes en el primer minuto de su centenario. Fueron los jóvenes, estudiantes y obreros, los principales protagonistas de aquel desagravio al Maestro, ante las ignominias y el pisoteo a su legado en la república neocolonial.
Las antorchas fueron entonces una manera de combatir, como lo fue siempre el fuego para la especie humana: abrigo, alimento, iluminación y arma.
La marcha de las antorchas de 1953 fue también la carta de presentación del más organizado grupo revolucionario de los que tomaron parte aquella noche. La "tropa de Fidel Castro" sorprendió a todos por su preparación. Era el núcleo inicial de donde saldrían después los asaltantes a dos cuarteles del ejército de la tiranía batistiana: Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, la vanguardia de la Revolución.
Bajo la mirada del Alma Mater, los jóvenes bajaron la escalinata universitaria empuñando las antorchas encendidas y caminaron por las calles habaneras de San Lázaro, Infanta y Espada, hasta el lugar donde Martí, siendo apenas un adolescente, realizó trabajos forzados durante su presidio político.
Llegar aquel memorable día hasta la Fragua Martiana, con antorchas de combate, las de las ideas, fue la mejor fragua para el carácter y la conciencia de toda una generación. Nueve meses después, en la penúltima vista del juicio por el asalto al Moncada, Fidel expresó: "Cuba, ¿qué sería de ti, si hubiéramos dejado morir a tu Apóstol?"
Entonces, como hoy, hacían realidad la prédica martiana: "Con esta fe vivimos, con este cuidado prevemos, con esas miras preparamos. Juntos en esta hora de fuerza y pensamiento, juntos para ahora y para después".
Aquella combativa demostración se convertiría en todo un símbolo bajo los gritos enardecidos de "¡Revolución! ¡Revolución!", que se contraponía al acto oficial por la efeméride que presidía esa misma noche el tirano presidente Fulgencio Batista, en la explanada situada frente al Capitolio Nacional.
La Revolución emprendida por Martí, realizada después en los sueños y aspiraciones de todo un pueblo, sigue convocando el brazo iluminado de sus mejores hijos y requiriendo la forja de una nación que se resiste a perder toda la justicia conquistada y su independencia.
Este 2021 no se realizará la tradicional marcha de las antorchas. En ocasión de conmemorarse el aniversario 68 de aquella histórica, protagonizada por la Generación del Centenario, toda Cuba recordará el advenimiento del natalicio del Héroe Nacional desde las redes sociales, con una gigantesca antorcha virtual que iluminará la noche de este 27 de enero, cumpliendo las medidas sanitarias para evitar la propagación del coronavirus SARS- COV- 2.
A Martí los cubanos le deben muchas cosas; saber, por ejemplo, que " los que no tienen fe en su patria son hombres de siete meses", que "mientras haya un antro no hay derecho al sol" y que "mientras haya obra que hacer, un hombre entero no tiene derecho al reposo".
A Martí también se le debe, como expresara Fidel, el privilegio de disponer de uno de los más ricos tesoros políticos, una de las más valiosas fuentes de educación y de conocimientos políticos, en el pensamiento, en los escritos, en los libros, en los discursos y en toda su extraordinaria vida.
Como quien viaja a la raíz, los jóvenes deben buscar una y otra vez en toda su obra, especialmente en sus cartas a María Mantilla, leer con avidez y repasar de manera incansable su ideario ético.
No habría quizás gesto más entrañable que sembrar en el asombro y el sentimiento de cada cubano, especialmente de los más pequeños, la ternura de sus consejos. Las virtudes y valores que apreciaba Martí deben alentar la vida, porque esa será la más noble, callada y constante contribución a la Revolución cubana.