Sesenta y dos años más tarde de la campaña invasora de Oriente a Occidente que protagonizaran Máximo Gómez y Antonio Maceo, se realizó una reedición gloriosa en 1958 como parte de la Ofensiva Final del Ejército Rebelde, a cargo de dos comandantes de este que habían demostrado cualidades extraordinarias como revolucionarios y combatientes: Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara.
El Comandante en Jefe Fidel Castro firmó la orden para organizar y conducir dos columnas: la número 2 “Antonio Maceo” que con Camilo al frente avanzó por el norte del país con 92 combatientes, y la número 8 “Ciro Redondo”, comandada por el Che, que con 142 hombres salió desde El Jíbaro, en la Sierra Maestra, el 31 de agosto de 1958 (10 días después que la columna de Camilo) y realizó el recorrido hacia las montañas del Escambray y la zona central de Las Villas.
Los dos jefes de las columnas tenían atribuciones para subordinar a ellos todas las unidades del Movimiento 26 de Julio y otras fuerzas revolucionarias que estuvieran operando en los territorios donde se realizarían las acciones y tenían órdenes precisas de impedir el traslado de tropas enemigas hacia el oriente de Cuba.
Ambas columnas estaban integradas por hombres probados en la lucha en la Sierra, capaces de pasar los mayores riesgos y dificultades. Muchas veces avanzaban por zonas desconocidas de los llanos en horarios nocturnos para no ser detectados por fuerzas del ejército batistiano, enfrentando la escasez de alimentos y de comunicaciones y hasta las adversidades climáticas del ciclón Elia que afectó mucho con ríos desbordados, torrenciales aguaceros y caminos intransitables, lo que provocó retrasos en la marcha.
Nada impidió que se cumpliera con todos los detalles de la orden dada por Fidel, que incluía la organización y fortalecimiento de las zonas por donde transitaba, así como la incorporación de nuevos combatientes. Los días 7 y 12 de octubre arribaron a tierras villareñas ambas columnas invasoras, cumpliéndose así la primera parte de la misión. La intención era llegar hasta el occidente del país, pero los imperativos de la guerra obligaron a Camilo a permanecer en Las Villas y el Che establecía su frente de lucha en las montañas del Escambray, en el centro del país.
Han transcurrido 60 años de aquella gloriosa invasión que fue expresión extraordinaria de la visión táctica y estratégica del Comandante en Jefe para la conducción de la lucha hasta la victoria definitiva, como parte de la Ofensiva Final rebelde y después de la derrota de la Ofensiva de Verano llevada a cabo por la tiranía en la Sierra Maestra, fundamentalmente contra el Primer Frente al mando de Fidel.
El éxito de la campaña invasora se debió en gran medida también a las cualidades excepcionales de Camilo y Che como ejemplo de jefes militares, movilizadores hacia la unidad, educadores políticos y valerosos combatientes, con gran espíritu de sacrificio y de humanidad.
Seis décadas después de esta hermosa hazaña, los jóvenes cubanos rememoran la ruta invasora, conscientes de la importancia de mantener vivo el ejemplo de esos hombres que estuvieron dispuestos a enfrentar cualquier peligro para llevar a su triunfo a la Revolución que hoy se continúa defendiendo, porque ellos constituyen brújulas eternas y esenciales para vencer.