
Algunas escuelas cubanas de secundaria básica y enseñanza primaria llevan, para orgullo de sus estudiantes, el nombre de Manolito Aguiar, quien siendo muy joven con apenas 18 años fue asesinado por traidores al servicio de la tiranía batistiana.
Aquel 1ro. de noviembre de 1958 faltaban apenas dos meses para arribar al triunfo revolucionario y en toda Cuba la situación en las calles era tensa ante la represión y los asesinatos que se sucedían en el país, sobre todo contra jóvenes revolucionarios que luchaban en la clandestinidad.
Entre ellos estaba Manuel Aguiar García, conocido cariñosamente como Manolito, que por sus méritos y cualidades había llegado a ser el presidente de la Asociación de Estudiantes en el Instituto de Segunda Enseñanza de Marianao. Pero también poseía probada fidelidad y valentía, unida a cierta experiencia a pesar de su juventud, que lo llevó a ser uno de los principales dirigentes del Movimiento 26 de Julio en la capital del país y miembro de sus brigadas juveniles.
La lección del Moncada había despertado sus ansias libertarias ante tantos males de la sociedad en la que vivía y el vínculo estrecho con la FEU de José Antonio Echeverría y Fructuoso Rodríguez lo animó a él y a muchos estudiantes a madurar aceleradamente y engrosar las filas de las manifestaciones y actos de protesta.
Cerrada la Universidad, el epicentro de la lucha estudiantil se desplazaría también a los centros secundarios, como el de este joven líder revolucionario.
Fue uno de los principales responsables de la huelga estudiantil que se extendió desde febrero hasta mayo de 1958, la acción de masas más prolongada y exitosa de las realizadas contra la tiranía batistiana.
La propia ubicación del Instituto muy cercana al Campamento Militar de Columbia (hoy Ciudad Escolar Libertad), la Estación de Policía de Marianao, los locales del BRAC (Buró para la Represión de Actividades Comunistas) y el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) hacían muy peligrosa su actividad y era vigilado constantemente, porque Manolito lo había convertido en un foco sistemático de rebeldía, en momentos en los que también ya ocupaba su lugar como Capitán de las Milicias Revolucionarias.
De sus actividades revolucionarias clandestinas y de las públicas con los estudiantes conocían bien los seguidores del régimen. Su conducta rebelde ante las injusticias había llamado tempranamente la atención.
Fue aquella soleada tarde del primer día de noviembre, hace exactamente seis décadas, que fue ultimado a balazos en la cafetería ubicada en las céntricas calles marianenses de 100 y 51, por manos traidoras a la causa revolucionaria, que más tarde pagarían bien caras sus acciones cuando la justicia revolucionaria los apresó, uno de ellos como mercenario de Playa Girón, y como resultado de la sentencia del tribunal que los juzgó, fueron fusilados.
Era un niño apenas, pero no le faltó tiempo para leer y profundizar en la obra martiana, reír, bailar, compartir con sus amigos, luchar por la libertad de su patria.
Los jóvenes que hoy estudian en ese propio recinto recuerdan sus hazañas en cada aniversario y se saben seguidores de su ejemplo. El Instituto de Marianao lleva hoy el nombre de Manolito Aguiar, en honor a la vida joven que se ofrendó por el bienestar de la patria.