
Aquel domingo 26 de Julio de 1953, cuando la ciudad santiaguera celebraba sus tradicionales festejos carnavalescos, los jóvenes patriotas de la Generación del Centenario de José Martí, inspirados precisamente en su pensamiento, protagonizaban al amanecer, en las puertas del cuartel Moncada, y del cuartel Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo, los sucesos que pocas horas después circulaban como noticia por todo el mundo.
La satisfacción de poder formar parte de lo que para todos constituía un asalto al porvenir fue superior a cualquier sacrificio. Para José Luis Tassende fue duro separarse de su hijita de solo quince meses, a quien le tiraba fotos cada dos semanas para seguir de cerca cómo iba creciendo y aumentando de peso. Y a todos dolió partir sin decirles siquiera a sus seres queridos a dónde se dirigían y sin la certeza de que su gesto iba a ser comprendido en toda su magnitud.
“Esto nace, no termina. Con esto empezamos”. Esas fueron las palabras de Abel Santamaría, cuando el grupo de combatientes a su mando, que se encontraba en el hospital civil cercano al cuartel se quedó sin municiones y cercado por el enemigo. Tal afirmación resumía la confianza infinita de los protagonistas de aquellas acciones en la justeza de la batalla emprendida y en el triunfo de los ideales por los que se lanzaron al combate aquella madrugada heroica.
Lo más difícil, como señaló posteriormente el líder revolucionario Fidel Castro, no era atacar y tomar el Moncada, sino el gigantesco esfuerzo de organización, preparación, adquisición de recursos y movilización en plena clandestinidad, partiendo virtualmente de cero. Las más importantes incorporaciones de combatientes se habían captado en Pinar del Río, Artemisa, Guanajay, las provincias habaneras y Colón, en Matanzas.

Admirable fue el esfuerzo con que, sin que la tiranía tuviese un solo indicio de lo que estaba ocurriendo, se llegó a organizar y a adiestrar a cerca de mil 500 hombres en unas 150 células. Fue la limitación de los armamentos la que redujo la participación en el asalto a poco más de un centenar de combatientes. De un extremo a otro del país se trasladaron los revolucionarios y las armas sin que fueran descubiertos. Aquel hermoso día entraron en combate.
Solo seis jóvenes revolucionarios cayeron en pleno enfrentamiento con las fuerzas batistianas ese día: Flores Betancourt Rodríguez, Gildo Fleitas López, Renato Guitart Rosell, José de Jesús Madera Fernández, Pedro Marrero Aizpurúa y Carmelo Noa Gil; los demás, hasta el número de 61 (45 del Moncada y 10 de los de Bayamo) resultaron prisioneros y asesinados, pero fueron presentados como muertos en combate a partir de un montaje ante la prensa, que ocultaba las huellas de las balas y las torturas.
Fidel impresionado con todos los sucesos señaló que no había sido una victoria de las armas, sino de la moral y la dignidad. Ni los horrendos crímenes con los que la tiranía pretendió aplastar la rebeldía, ni la prisión de los sobrevivientes, impidieron la continuación de la lucha.

El Moncada se convirtió en una lección permanente de perseverancia en los propósitos justos y el punto de partida de una concepción de lucha que permitió conquistar el triunfo e iniciar la edificación de una sociedad nueva.
En una fecha como esta uno de los sitios patrimoniales más visitados de Santiago de Cuba es el cementerio Santa Ifigenia, donde no faltarán las flores frescas en el monumento en que reposan los restos de los mártires del 26 de Julio. Las tarjas de los inmolados por la patria libre fueron cubiertas recientemente con una mezcla de cera y aguarrás para protegerlas del polvo y los agentes externos, como parte de los trabajos de restauración que se llevan a cabo en esa necrópolis, labor que mucho dignifica.
La principal lección de este aniversario 67 del Moncada es que en la unidad está la garantía de la victoria. Si ayer los asaltantes a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes acudieron al combate a vencer o morir, la disyuntiva de los revolucionarios de hoy no es menor: el pueblo cubano resistirá y vencerá, porque ¡Por Cuba, es nuestra decisión! ¡Nadie podrá derrotar al pueblo cubano, con su pasado y presente de lucha! ¡Siempre es 26!