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Una mirada al 26 de julio (con Fotos)

Publicado: 2020.07.24 - 14:15:11  /  gilberto@renciclopedia.icrt.cu  /  Gilberto González García

Los campesinos cubanos vivían en condiciones infrahumanas, bajo la constante amenaza del desalojo

Cuando el entonces joven abogado Fidel Castro y el grupo de revolucionarios que le secundaron decidieron tomar por asalto el cuartel Moncada, en Cuba no quedaba ninguna solución política a la que acudir para contrarrestar la férrea dictadura impuesta por el gobierno de facto encabezado por Fulgencio Batista.

Ya se había intentado a través del el Partido del Pueblo Cubano, conocido como Ortodoxo, que presidiera Eduardo Chibás, y en el que militara Fidel, pero el tirano Batista había suspendido las garantías constitucionales y por esa vía no había nada que hacer.

El enclave militar era el segundo en importancia del país, por lo que la acción pudiera parecer ambiciosa, pero la toma del Moncada no pretendía en sí sacar a Batista de la silla presidencial. Se trataba, en primer lugar de mover la conciencia nacional hacia la lucha y demostrar que a los poderosos órganos represivos se les podía enfrentar.

La situación política y social que reinaba en Cuba en el momento de producirse la acción del 26 de julio de 1953 no podía ser más oprobiosa. La Constitución había sido pisoteada. Como expresara Fidel Castro en su histórico alegato, conocido como La historia me absolverá, el Poder Judicial se había colocado fuera de la carta magna desde el 10 de marzo de ese año, día en que Fulgencio Batista había accedido al poder por medio de la fuerza.

Loa campesinos estaban sometidos a la miseria, viviendo en condiciones de extrema pobreza al ser expoliados por los latifundistas, dueños de las tierras. Con frecuencia eran desalojados de sus rudimentarias viviendas o sometidos a toda clase de abusos.

La situación de la salud pública era deplorable, marcada por la corrupción y escasez de recursos, tanto materiales como humanos. Para atender una población de seis millones 500 mil personas existían unos seis mil 300 médicos, la mayoría de los cuales trabajaban en clínicas o consultorios privados, ubicados fundamentalmente en las áreas urbanas, y económicamente fuera del alcance de quienes poseían bajos ingresos.

En cuanto a la educación, existía solo la tercera parte de la cantidad de aulas necesarias para enseñar a la población infantil, y unos nueve mil maestros carecían de empleo. Casi una cuarta parte de los cubanos no sabían leer ni escribir, situación más grave en las zonas rurales, donde la mitad de los infantes no podían asistir a la escuela.

La industrialización del país era escasa, fundamentalmente enfocada en la producción azucarera, y la mayoría de las fábricas estaban en manos de consorcios extranjeros. El nivel de desempleo era elevado. Los trabajadores relacionados con la fabricación de azúcar trabajaban solo unos tres meses al año, mientras duraba la zafra, y en las ciudades la situación no era mejor.

La corrupción administrativa alcanzaba altos niveles en el Gobierno, de forma que una gran parte de los recursos financieros asignados para obras de beneficio social iban a parar a los bolsillos de los funcionarios venales.

En medio de aquella amalgama de desgracias, la mafia norteamericana comenzó a incursionar en La Habana, ciudad que pretendía convertir en un garito gigante donde los juegos de azar, la prostitución, las drogas, el alcohol y otros vicios serían fuentes de ingreso para abultar más los bolsillos de los mafiosos y sus cómplices en el Gobierno.

Hacía falta “una carga para matar bribones” como escribiera el poeta y revolucionario Rubén Martínez Villena; y como expresara el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en el discurso pronunciado en Santiago de Cuba en 1973, en el acto central por el aniversario XX de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes: “Rubén, el 26 de julio fue la carga que tú pedías”.

Fiel a su plataforma, basada en las ideas expuestas por el Apóstol de la independencia, José Martí, la Revolución Cubana comenzó de inmediato a borrar la lacra que sufría Cuba antes del primero de enero de 1959. Si bien el asalto al cuartel Moncada no cumplió su propósito inmediato, fue el motor de arranque que puso en marcha el otro motor más grande, el de la Revolución.

Existía solo la tercera parte de las aulas necesarias, muchas en deplorable estado y miles de maestros sin trabajo

meyer lansky y batista

Con el respaldo del gobierno pretendían convertir a La Habana en la meca de la prostitución, los juegos de azar, las drogas y otros vicios. En la foto se puede ver al tirano Fulgencio Batista (izquierda) compartiendo la mesa con el conocido mafioso estadounidense Meyer Lansky, uno de los patrocinadores de aquel proyecto

La mayor parte de las industrias estaban en manos extranjeras antes del triunfo de la Revolucion

Una gran parte de la población no tenía una vivienda decorosa

Hoy en Cuba los campesinos gozan el fruto de su trabajo

La calidad de la educación cubana actual está reconocida por los organismos internacionales especializados

En la Revolución la industria está en manos del pueblo y se desarrolla constantemente

Aunque todavía resultan insuficientes las viviendas, el Estado trabaja en el mejoramiento de este indicador

Hoy la salud pública en Cuba muestra una calidad comparable a la de naciones desarrolladas y nuestro especialistas están presentes en numerososo países brindando su ayuda solidaria



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