Cayeron combatiendo y ascendieron para siempre a la historia

Cayeron combatiendo y ascendieron para siempre a la historia

Familiares de nuestros 32 Héroes, Combatientes, Compatriotas:

En esta mañana solemne, la Patria se duele y se eleva. Nos reunimos para recibir en nuestro suelo a hermanos que cayeron lejos de su casa, pero no de su deber.

Al acoger sus restos mortales, renovamos ante ellos el juramento de lealtad a la Patria y a la unidad de los pueblos de América Latina.

Afirmamos desde el primer instante, con la claridad que exige la historia: no los recibimos con resignación, lo hacemos con profundo orgullo y eterno compromiso. porque sabemos y el pueblo de Cuba lo ha aprendido en las pruebas más duras que la muerte no derrota a quienes caen con el fusil en la mano defendiendo una causa justa.

No regresan a nosotros como sombras, por el contrario, son una nueva luz que nos refuerza, enardece y compromete. Regresan cubiertos por la bandera, y esa bandera no representa una ausencia: consagra una presencia eterna.

Traen consigo el ejemplo imperecedero de la entrega, del valor, de la fidelidad a los más nobles ideales del hombre.

Cuando cruzaron mar y cielo para cumplir su misión sabían que no regresar era una posibilidad; pero firmemente convencidos de que no traicionarían jamás a este pueblo; que, siguiendo el ejemplo de sus héroes, aprendió a compartir su suerte con los demás.

En aquellas horas difíciles, cuando en la madrugada del 3 de enero, la agresión y el artero ataque ensombreció a Venezuela, ahí estuvieron nuestros combatientes fieles a Fidel, a Raúl, al Partido, y al legado del internacionalismo que ha marcado cada etapa de la Revolución Cubana.

Venezuela no fue para ellos una tierra distante, fue la prolongación natural de la Patria, al igual que lo fue para nuestros próceres. Allí se entrelazan Bolívar y Martí, Chávez y Fidel y todos aquellos que soñaron una América unida y libre.

Cayeron combatiendo y ascendieron para siempre a la historia. Allí, donde la violencia quiso imponer silencio su sangre escribió nuevamente una verdad que nunca nadie podrá borrar: Cuba no abandona a sus hijos. Cuba no renuncia a sus principios. Cuba no claudica, aunque para defender la dignidad tenga que pagar un alto y doloroso precio.

Nuestros hermanos combatieron con la misma decisión e ímpetu de los mambises de la generación del Centenario, de los barbudos, de los milicianos en Girón y de los combatientes internacionalistas que demostraron que de una misión en otras tierras solo se regresa con la amistad del pueblo hermano y los restos sagrados de los caídos.

Compatriotas, familiares:

Recibimos a nuestros compañeros de lucha en la Patria que los vio nacer, con el orgullo de saber que no claudicaron, no dudaron, pelearon hasta la última bala y ofrendaron sus valiosas vidas en cumplimiento de la misión encomendada.

Frente a ellos, frente a sus familiares, ante la historia y ante usted General de Ejército, proclamamos que ­en tierra cubana jamás habrá espacio para la cobardía y la traición. Cada combate llevará la huella moral de estos heroicos combatientes que lo dieron todo por la dignidad de su pueblo.

Murieron como vivieron, con la frente en alto. Cayeron convencidos de que cumplían un deber sagrado, que los pueblos de Nuestra América sabrán reconocer y agradecerán por siempre su ejemplo supremo de sacrificio y lealtad.

Hoy, cuando sus nombres se inscriben definitivamente en el altar de la Patria no les prometemos descanso, porque los verdaderos héroes no reposan nunca. Ellos seguirán marchando al frente de cada batalla, acompañando a cada joven decidido a servir a su pueblo, inspirando a cada hombre y mujer que no se resigna ante la injusticia, dándole fuerza a todo revolucionario que sepa levantarse después de cada golpe.

El enemigo habla eufórico de operaciones de alta precisión, de tropas de élite, de supremacía. Nosotros en cambio, hablamos de rostros, de familias que han perdido al padre, al hijo, al esposo, al hermano. Hablamos de niñas y niños que tendrán que crecer sin el abrazo de quien ofrendó la vida pensando precisamente en ellos.

Ante esas niñas y niños, ante esas madres, padres y esposas, a los que han arrancado una parte del alma, hacemos nuestras, una vez más, aquellas sentidas palabras del Comandante en Jefe: «No podemos decir que el dolor se comparte. El dolor se multiplica. Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen. ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!».

La Patria se yergue ante ustedes con respeto y con gratitud. Sus muertos son nuestros muertos. Ese orgullo silencioso, de saber que dieron al mejor de los suyos a la causa más justa, es también orgullo de un pueblo entero.

Ante ustedes, ante el pueblo, reafirmamos que, si algo ha demostrado esta dolorosa página de la historia, es que el imperialismo podrá tener armas más sofisticadas, podrá disponer de inmensas riquezas materiales, podrá comprar la mente de los vacilantes, pero hay algo que jamás podrá comprar: la dignidad del pueblo cubano.

Los pueblos no se hacen grandes por sus riquezas materiales, sino por su capacidad de mantener viva la memoria de sus héroes.

Nosotros jamás los olvidaremos. Los recordaremos siempre en cada esfuerzo, en cada desafío, en cada victoria.

Su ejemplo iluminará el camino de los pueblos libres y justos del mundo.

Hermanos, hoy los recibimos convertidos en héroes; ustedes son un ejemplo de honor. Son una lección para los que vacilan. Son una advertencia para los que amenazan.

¡Gloria eterna a los caídos en la Patria de Bolívar y Chávez!

¡Honor y gloria eterna a los héroes y mártires de la Patria!

El pueblo cubano los abraza,

¡Hasta la victoria siempre!

Fuente: Tomado de Granma

Redacción Radio Enciclopedia