Ballet Español de Cuba propone el espectáculo Al compás de Manuel de Falla
El Ballet Español de Cuba, dirigido por el maestro Eduardo Veitía, rinde homenaje a un célebre creador, al arquitecto sonoro de una España profunda, con el espectáculo Al compás de Manuel de Falla, que subirá a la escena de la Sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba, los días 10 y 11 de octubre, a las 5:00 p.m.
En saludo al Día de la Hispanidad -12 de octubre- y al Día de la Cultura Cubana- 20 de octubre- acontecen estas funciones además del aniversario 150 del natalicio de Manuel de Falla (Cádiz, 23 de noviembre de 1876- Alta Gracia, Argentina, 14 de noviembre de 1946).
Las actuaciones permitirán recordar a Falla, su legado con un programa que celebra la riqueza, hondura y la modernidad de su obra.
Las coreografías de Eduardo Veitía, inspiradas en piezas emblemáticas de su primera etapa (Andalucista, 1900-1919), donde predominaba el flamenco, el cante jondo, las cadencias andaluzas…-, como Siete canciones populares españolas,-que serán interpretadas vocalmente por la soprano Milagros de los Ángeles Soto, junto a la pianista acompañante Vilma Garriga Comas y los bailarines del Ballet Español de Cuba BEC. En tanto, El amor brujo y El sombrero de tres picos vuelven a la escena para confirmar la vigencia de este compositor, cuya música continua iluminando el camino de generaciones de artistas.

A propósito el periodista y crítico de arte Toni Piñera expresa en el programa de mano de estas presentaciones:
“La historia del Ballet Español de Cuba, en sus 39 años de vida, está también salpicada por el genio creador de este artista que ocupa un lugar cimero en la historia de la música española. No solamente como compositor, sino como un imaginario sonoro capaz de revelar la esencia más íntima de la península. Pues, su obra no se limita a describir el paisaje, lo edifica, y transfigura. Por ello muchos lo consideran un arquitecto sonoro. Y es que en Falla conviven dos fuerzas que parecen opuestas, pero que el une con gran maestría: la España popular, con su raíz gitana, andaluza, ritual y telúrica. Y la otra, espiritual, ascética, casi mística, que mira hacia los adentros. La obra de Manuel de Falla es puente entre tradición y vanguardia, entre la raíz popular y la exploración estética más audaz”.
Y añade: “A lo largo de su trayectoria como director y coreógrafo, Eduardo Veitia ha concebido un conjunto de obras que forman parte esencial del repertorio de la agrupación. En esta gala conmemorativa, dichas piezas reaparecen en escena revisitadas, enriquecidas con nuevas lecturas y matices que respetan su esencia original. En Siete canciones…, el coreógrafo transforma la voz íntima y popular en gesto danzado, revelando la diversidad emocional que habita en cada canción; El sombrero de tres picos despliega su carácter festivo, teatral y pleno de colorido evocando la España vibrante que Falla supo retratar con maestría, mientras que en El Amor Brujo, con su atmósfera mística y su célebre Danza ritual del fuego, se transforma en un viaje al universo del hechizo, la superstición y la fuerza interior.
Veitía, coreógrafo, ha sabido “leer” y “sentir” la música de Falla, impregnada de duende, lirismo, y una profunda sensibilidad andaluza –que ha sido fuente de inspiración para intérpretes de todas las disciplinas-, y las ha ido adaptando a su quehacer, pues sabe que, en él, España no es un decorado folclórico, sino una fuerza subterránea antigua, casi ritual. Sus obras parecen escritas con materias que no se encuentran en los conservatorios, sino en la memoria profunda de los pueblos, en el temblor de una seguiriya, el resplandor de un jardín nocturno, en el latido oscuro de un conjuro gitano… Su música respira como lo hace la arquitectura: con proporción, hondura y una claridad que ilumina hasta lo más misterioso y oscuro. Los timbres, ritmos, acordes…, constituyen estancias donde resuena una emoción que no necesita palabras… Y ahí es donde se nutre Veitía para armar este programa y reverenciar a Falla en su aniversario… Traduce en danza las partituras, y entra en ese espacio donde conviven lo popular y lo sagrado, lo ardiente y lo puro”.

