Ocupa el Museo de la Ciudad, en el Centro Histórico habanero, uno de los más impactantes inmuebles de la Plaza de Armas, otrora Palacio de los Capitanes Generales, en los tiempos de la colonia, donde se destinó uno de sus encumbrados espacios a la Sala del Trono, donde único podría sentarse el Rey a su paso por La Habana.

