Concierto de ensueño en Bellas Artes: Dreaming, de William Roblejo
El teatro del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba acogió este viernes un concierto del 41 Festival Internacional Jazz Plaza. “Dreaming”, del violinista William Roblejo, junto a un destacado conjunto de artistas invitados y todo tipo de sorpresas, fue un viaje de casi dos horas por canciones de los distintos álbumes del mencionado artista, en el que el violín y el jazz se fusionaron para deleite del público.
Como acostumbra el jazz cubano, el concierto no comenzó con los ritmos clásicos que uno esperaría, Roblejo sorprendió con un impecable solo de violín; mientras sus compañeros seguían el compás, cabeceando y moviendo los pies, esperando el momento justo para entrar. Y así fue; de golpe y con la ovación de los presentes, se sumaron Lázaro Peña en el piano, Adrián Aguiar en la guitarra, Osniel “Moro” Regal en el bajo, y Eduard Nelson –de solo 16 años– en la batería.
Las primeras canciones en sonar fueron un remix de Irlanda para Tres y Australia, y no solo las disfrutó el público, sino también los músicos, tocándolas. El segundo tema fue 2011, seguido de Dreaming, del álbum homónimo y primero del artista, con la especial colaboración de Ruy Adrián López-Nussa en la batería, que sumó su enérgica forma de hacer persecución e improvisación a más temas a lo largo del concierto.

Le siguió el tema Pensamientos, un clásico de Teofilito, con el acompañamiento de la voz de Annys Batista quien, según Roblejo, es actualmente “la voz joven de Cuba”. Annys prestó su canto, además, para el siguiente tema, uno que emocionó especialmente al público que desbordaba la sala para sorpresa de los artistas, Camino del mar.
El concierto continuó en un formato que William Roblejo dijo disfrutar y que utilizó mucho en sus inicios como artista, el trío, conformado por los tres instrumentos de cuerdas presentes. Se tocó Bosanera, un tema que trataron con humor al ser la mezcla de las palabras bossa-nova y habanera; a esta le siguió Fiebre de ti, un tema popularizado por el Bárbaro del Ritmo, Benny Moré, presente en el disco Hay Amor, de Roblejo.

La llegada de tres miembros de la orquesta Aragón supuso una de las grandes sorpresas de la noche. Rafael Lay Jr. y Erik Labaul en los violines, así como la voz de Roberto Espinosa, se sumaron para tocar Sí, envidia, de Rafael Lay; a ellos se unió, además, un cuarto violín, en manos de Lázaro Dagoberto.
Además, de aportar al conjunto de ocho instrumentos en escena, el maestro Lázaro Dagoberto agradeció especialmente al público pues, en sus palabras, “son los únicos seres humanos capaces de sanar el alma de un artista con su aplauso”.
Cuando ya no estés, una canción dedicada a aquellos que más extrañamos funcionó como preludio emocional justo antes del clímax de la velada, que llegó gracias a una triada de canciones que pusieron a moverse a todos los presentes. Dos de ellas, Guajira Danzonera y Capitalia, de la autoría de William Roblejo y, la tarcera, tocada en medio de las ya mencionadas, fue la última gran sorpresa de la noche.
Anda, ven y muévete, uno de los grandes clásico de los Van Van, junto a la voz de Mandy Cantero fue el cierre perfecto para el concierto. La canción, que destacó por la improvisación de los implicados, y por llevar toda la energía que se espera de “el tren de la música cubana”, cerró una noche marcada por la fusión de sonidos, lo mejor del jazz contemporáneo cubano, y los tonos de ensueño del violín.

Escrito por Gabriel Hernández Artiles/ Fotos: Aline Marie Rodríguez.

