Brigada José Martí: Arte en la comunidad
“La brigada ha sido espacio de transformación desde el arte, y cada joven que se suma representa una nueva oportunidad para sembrar sensibilidad y valores en la comunidad”, afirma Lisandra Rodríguez, ex presidenta de la Brigada en Santiago de Cuba.
La Brigada de Instructores de Arte José Martí celebra cincuenta años de una labor cultural que ha tocado cada rincón de la geografía cubana. Este movimiento juvenil constituye un ejército de la cultura con más de 11 000 miembros que enseñan arte al pueblo sin distinción de sexo, color de piel o condición social.
Su creación surge del concepto revolucionario de que el acceso a la cultura es un derecho democrático de todos. Esta premisa, presente desde las Palabras de Fidel a los intelectuales de 1961, encontró su materialización décadas después con la formación de jóvenes dedicados a llevar el arte a escuelas, casas de cultura y comunidades.
El instructor de arte se concibe como educador profesional, artista y pedagogo que realiza una función socializadora donde combina instrucción con educación. Su labor no se limita a la enseñanza de técnicas artísticas, sino que busca formar una cultura general integral y humanista en la población, contribuyendo al desarrollo social de la nación con la cultura como bandera.
La Brigada desarrolla una estrategia de dirección conformada por un sistema de acciones de carácter organizativo, metodológico, técnico y artístico. Este enfoque ha permitido resultados tangibles, aunque no ha estado exenta de varios desafíos como el reto constante de completar estructuras de dirección y recuperar espacios tras períodos de éxodo en sus filas. Sin embargo, mantiene una visión expansionista: sus miembros participan ahora en espacios habitualmente ocupados por artistas profesionales, como el Festival de Música Fusión Piña Colada.
El movimiento también fortalece su vínculo con las escuelas, con el objetivo de retomar espacios perdidos dentro de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media y asesorar los festivales de la Federación Estudiantil Universitaria.
También desarrolla procesos formativos para fortalecer la capacidad de discernimiento y juicio estético, con lo cual estimula la interacción activa con los códigos y símbolos de la cultura nacional. Estas iniciativas han representado a Cuba en el Taller Internacional de Intercambio de Experiencias y mostraron las buenas prácticas dentro del sector.
Desde su creación, la Brigada José Martí demuestra que la cultura no es guirnalda o herramienta para politizar, sino fuente de energía y experiencias que forman personalidades útiles a la sociedad. Su trabajo ha conseguido, entre otros logros: descubrir y desarrollar las potencialidades creativas de niños y jóvenes, rescatar para la sociedad a jóvenes desvinculados del estudio y el trabajo, y llevar arte, esperanza y humanismo a hospitales, casas de amparo filial y centros reclusorios.

Como afirma la Dirección Nacional de la Brigada: “Se es brigadista hasta el final, no importan las tareas o funciones que cumplamos en el futuro, cada uno de nosotros lleva en sus venas la sangre brigadista”. Esta convicción sostiene un proyecto que, tras cincuenta años, continúa sembrando raíces que forjan historias en el alma cultural de Cuba.
La conmemoración del aniversario de la Brigada de Instructores de Arte José Martí no es solo un reconocimiento a una labor cultural sostenida. La organización funciona como un espejo de las tensiones y debates de la sociedad cubana: entre el arte como derecho y como instrumento y entre el proyecto colectivo y las aspiraciones individuales.
El verdadero legado de estas cinco décadas tal vez sea, más que la suma de actividades realizadas, esta capacidad para generar un diálogo permanente (a veces áspero, otras veces constructivo) sobre el lugar del arte en la construcción de una nación.

