Al evocar su fallecimiento, no se llora a un hombre solo, sino que se celebra la permanencia de una obra que adquiere una urgencia renovada.
Autor: Lázaro Hernández Rey
Una de las facetas más fascinantes de trayectoria fue su inclinación por las contestaciones musicales. En la trova cubana existía la tradición de responder una canción con otra canción, a modo de réplica o de rivalidad artística.
El 15 de junio de 1966, Manuel Navarro Luna, el poeta, el hombre de la tierra herida y de los sueños renovados, había dejado de existir.
Con la evocación de su natalicio no celebramos solo al autor de melodías imperecederas, sino al artífice de una modernidad sonora que vistió a la música cubana con una elegancia cosmopolita, sin despojarla jamás de su raíz.
Hablar de Alberto Villalón es hablar del génesis mismo de la canción cubana. Nacido el 7 de junio de 1882, su vida abarcó el ocaso de la colonia, el nacimiento de la República y los agitados años de la primera mitad del siglo XX
El 2 de junio de 2005, La Habana amaneció con la ausencia de uno de sus narradores más lúcidos. Pastor Vega Torres, el hombre que supo retratar las contradicciones del alma cubana con la precisión de un cirujano y la ternura de un poeta, cerró los ojos a los 65 años.
Fundador de la Academia de Historia de Cuba, dejó obras póstumas como La Guerra en Cuba (1926) y una producción ensayística más que reveladora.
Fue en 1977, cuando la Asamblea General del Consejo Internacional de Museos (ICOM) instauró esta fecha para concienciar al mundo sobre el papel crucial de los espacios museísticos en el desarrollo de la sociedad.

