Fernando Hechavarría: el desnudo más conmovedor es el del alma
Fernando Hechavarría, reconocido recientemente con el Premio Nacional de Teatro, compartió en entrevista con el Periódico Granma detalles de su trayectoria y de cómo llegó a descubrir su verdadera vocación. Aunque de niño se apasionaba por el dibujo y soñaba con estudiar Física nuclear, fueron sus maestros quienes lo encaminaron hacia las artes escénicas.
El actor recuerda que su paso por la Escuela de Artes Plásticas en Holguín y el encuentro con profesores como Paneca marcaron un giro decisivo. A partir de entonces, el “bichito” del teatro lo atrapó y nunca más lo abandonó. Su formación se consolidó en La Habana, rodeado de colegas que se convirtieron en hermanos y cómplices de su crecimiento artístico.
Uno de los momentos más significativos de su carrera fue su incorporación al grupo Teatro Escambray, bajo la dirección de Sergio Corrieri. Allí permaneció dos décadas, convencido de que esa experiencia fue una “segunda gran escuela” que aportó al país un legado cultural aún por valorar plenamente.
Posteriormente, Hechavarría transitó hacia el grupo El Público, dirigido por Carlos Díaz, donde exploró nuevas poéticas teatrales. Aunque confiesa que la salida de Escambray fue dolorosa, reconoce que en El Público encontró formas novedosas de representar, capaces de transitar con organicidad de la farsa a la tragedia.
El actor se define como “stanislavskiano” y defiende la importancia de esa base metodológica para cualquier exploración escénica. Asegura que el teatro es, ante todo, un ejercicio colectivo, donde la grandeza de un espectáculo depende de la calidad del conjunto y no solo del brillo individual.
Su carrera también ha abarcado cine y televisión, con papeles memorables en telenovelas como Tierra Brava. No obstante, se reconoce como un “ratón de teatro”, convencido de que actuar es un acto de compromiso social y de desnudez emocional: “El desnudo más conmovedor del actor es el del alma”, afirma.
Además de su labor artística, Hechavarría se dedica a la docencia, convencido de que aprende más de sus estudiantes de lo que enseña. Para él, transmitir valores humanos y éticos es tan importante como formar actores, y considera que la actuación es, en esencia, un acto de fe y de entrega total al público.

