Entrenar el “ver” como construcción cultural para conocernos mejor
Hoy, en el panorama comunicativo de los medios audiovisuales lideran grupos económicos privados. Ellos conquistan mercados, promocionan y difunden con avasalladora prontitud banalidades por canales diferentes e instauran la globalización de sus respectivas ideologías.
Reflexionemos en cómo entrenar el ver desde el concepto de la construcción cultural para conocernos mejor.
Acechan infinitas experiencias al ser cinéfilos y televidentes ante las pantallas. Viajan de mano en mano propuestas “perfectas”, recomendadas al azar. Suele alguien decirte: “este el mejor cine jamás visto”. Tales generalizaciones entusiastas pueden menguar la interpretación de sinergias entre imágenes, atmósferas, contextos, sonidos y signos lingüísticos.
Entonces, ¿qué hacer? Ante todo, no conformarnos con lo meramente contemplativo. Urge interpretar puntos de vista, ideas, sensaciones, representaciones conceptuales y narrativas que transmitan mensajes en beneficio de nuestros deseos de aprender y comprender lo propio y lo ajeno.
Sedimentar la cultura es un proceso. Necesita alimentos cada día.
Pensemos. Hoy, toda la vida social es cultura. En ambas intervienen las modas, los cosméticos, la solvencia eco-nómica, la violencia, la salud. Al parecer, nada queda ajeno a la cambiante dinámica antropológica, se desplazan fronteras entre lo tradicional y lo moderno, lo popular y lo masivo, lo local y lo global.
Recordemos la advertencia del intelectual Octavio Paz: “las formas artísticas, las técnicas y los mitos son el lenguaje cifrado de las civilizaciones”. Aprehenderlas robustece la conciencia, el pensamiento y las acciones. Este proceso exige andar nuevos caminos en busca de hallazgos. Al encontrarlos es preciso activar la duda y el placer.
Nunca dejemos a aprender. Cuando lo sabemos todo, dejamos de avanzar y de conocer.

