José Pepe Sánchez: el genio autodidacta que fundó la trova cubana
Pepe Sánchez, el sastre santiaguero que, sin saber música de manera académica, se convirtió en el padre de la trova cubana y en el creador indiscutible del bolero latinoamericano nació en Santiago de Cuba el 19 de marzo de 1856. Compaginó su oficio de sastre con una vocación artística que lo llevó a convertirse en el epicentro de la vida bohemia y musical de su ciudad.
Su casa, más que un hogar, era una peña donde trovadores y artesanos se reunían al caer la tarde para compartir canciones. En ese ambiente de creatividad colectiva, y con una guitarra que dominaba con maestría a pesar de su formación autodidacta, Sánchez no solo interpretaba, sino que también fungía como un faro para las nuevas generaciones. El estudioso Orlando Montenegro señala que fue precisamente en ese contexto donde “enseñó admirablemente la ejecución de la guitarra” a quienes serían pilares de la trova, como Sindo Garay, a quien, cuenta la leyenda, puso en las manos su primera guitarra cuando aún era un niño.
El hito que marca un antes y un después en la música popular de la región ocurrió en 1883. Fue ese el año en que Pepe Sánchez compuso Tristezas, una pieza que la historia reconocería como la cuna del bolero latinoamericano. Tomando elementos de la tradición, Sánchez estableció una forma de dos períodos musicales de 16 compases cada uno, separados por un pasaje instrumental ejecutado en la guitarra que se conoció como “pasacalle”. Esta arquitectura sonora se convertiría en el estándar del género.
La obra de Pepe no surgió de la nada: representa la cristalización de un proceso de mestizaje musical. Para entender su aporte, el investigador Alejandro C. Moreno y Marrero recuerda que, aunque el nombre provenga del bolero español, “(…) sería hacia finales del siglo XVIII cuando dicho género llega a Cuba procedente de España y se fusiona con diferentes ritmos locales ─como, por ejemplo, la contradanza, el danzón e, incluso, la habanera─”. Fue la habanera, con sus afinidades rítmicas, la que más contribuyó a la evolución de este nuevo hijo musical. La pieza de Sánchez, en compás de 2/4, incorporó además la figura rítmica del cinquillo, un “travieso fantasma” proveniente de la contradanza que le otorgó una cadencia y una cubanía inconfundibles, diferenciándolo para siempre de su ancestro europeo, que se bailaba en un elegante pero distinto compás de 3/4.

No obstante, reducirlo a un solo éxito es injusto. Por fortuna, la memoria de sus discípulos rescató joyas como Pobre artista, las series Rosa I, Rosa II y Rosa III, Elvira, Cuba, mi patria querida y el Himno a Maceo. Este último revela otra faceta de su personalidad: la de un hombre comprometido con la causa independentista de su país. Su hogar no solo era un centro artístico, sino también un punto de encuentro para conspiradores, y su amistad con héroes como Guillermón Moncada y Antonio Maceo quedó plasmada en su música.
Su legado, sin embargo, trasciende con creces el siglo XIX. Pepe Sánchez fue el fundador y director del Quinteto de Trovadores Santiagueros, una agrupación que formalizó y profesionalizó el movimiento de la trova. Al enseñar a los que luego serían maestros, construyó un puente hacia el futuro.
Considerado como iniciador del bolero, su figura es inamovible. A día de hoy, cuando el bolero ha sido declarado Patrimonio Cultural de la Nación en Cuba, cada nota de amor y desamor que se canta en una serenata lleva, aunque muchos no lo sepan, el ADN creativo de aquel sastre de Santiago.
Sánchez falleció el 3 de enero de 1918 a causa de una angina de pecho, pero su nombre pervive no solo en los libros de historia, sino en cada edición del Festival Internacional de la Trova que lleva su nombre y en la emoción contenida de esos 16 compases iniciales de Tristezas, en el que un beso se guarda para siempre en el corazón.

