Cuba: Un lugar donde la historia vive y perdura
La icónica esquina de 23 y 12, en El Vedado, La Habana, es de esos pocos lugares donde el pasado cobra movimiento y se prolonga hacia el presente.
Escenario diario del ir y venir de miles de transeúntes en la vorágine populosa de la ciudad, el paso de la vida ahí nunca se detiene, aunque este sencillo acto de resistencia cotidiana desafíe el cálculo de los que persiguen, a través de la asfixia prolongada, el método para rendir un pueblo en su osadía soberana de decidir por sí mismo su destino.
Tan solo ese hecho, junto a la dinámica que le confiere el título de «las cuatro esquinas calientes» en el argot popular, sería suficiente para enmarcar el sitio en la lista de puntos obligatorios de visita en cualquier recorrido por la capital de la isla.
No obstante, para los cubanos reviste un significado más profundo: justo ahí, el 16 de abril de 1961, a la distancia de 65 años, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz declaraba al mundo el carácter socialista de la Revolución Cubana.
La proclama fue ratificada in situ, con el aura que emana de los momentos trascendentales, con los fusiles en alto de los milicianos que marchaban en la procesión de pueblo que despedía a las víctimas del cobarde bombardeo en la jornada anterior, preludio de la invasión, la cual se congregó en su peregrinar hacia la Necrópolis de Colón para escuchar la arenga encendida de su líder.
Los mismos fusiles que defenderían en las arenas de Playa Girón al Socialismo que había cometido el crimen imperdonable de surgir en las mismas narices del imperio.
La céntrica esquina, enclavada en lo que fuera un bosque vedado, de ahí el nombre del barrio, se fue convirtiendo desde finales del siglo XIX, en una de las áreas más importantes de la urbe citada.
Su calle 23, como artería principal donde se ubican antaño y hoy comercios, escuelas, ministerios, bancos, bares y restaurantes, cines, centros nocturnos, hoteles, parques y hasta la afamada heladería Coppelia, intercepta a 12 en su tránsito desde el cementerio hasta Malecón.
Además de los sucesos de aquel 16 de abril que quedaron en la historia, la esquina guarda también otros recuerdos, que bien sintetizan en el hecho en sí toda la épica asociada a una época de profunda transformación y fervor revolucionario como fue la década del 60 del siglo pasado en Cuba.
Apenas un año antes del acontecimiento anteriormente reseñado, en dicha intersección se tomó una de las fotografías más reproducidas y reconocidas de toda la historia, la que le hiciera el artista del lente cubano Alberto Korda al Comandante Ernesto Che Guevara, llamada “Guerrillero Heroico”, considerado entre los mejores retratos fotográficos de todos los tiempos y que tuvo lugar en un contexto similar de condena, durante la despedida de las víctimas del atentado al vapor La Coubre en marzo de 1960.

Hoy la famosa esquina de 23 y 12 exhibe una red de comercios e instituciones que mantienen viva su popularidad y tradicional presencia perenne en la vida de los capitalinos.
En una de sus puntas está “La Pelota”, un portal que se extiende por ambas calles, a la vez que honra el deporte nacional e incluye de todo un poco: un café, cafeterías–restaurantes, boutiques, florería.
Se encuentran, además, en las inmediaciones la popular pizzería Cinecita, famosa por su vinculación temática al séptimo arte, y el Sport Bar dedicado a los fanáticos del fútbol.
Su ambiente cinematográfico, sus establecimientos siempre llenos, su cercanía a la necrópolis y a otros puntos importantes como el Malecón o la avenida Paseo, hacen característica y especial a esa esquina de La Habana.
Todo ello, sumado a un pasado cargado de grandes momentos, ha señalado a 23 y 12 como una de esas intersecciones que acuñan a una ciudad, que la identifican y la hacen diferente.
Seis décadas y media después, y ante un dilema similar, frente a las amenazas recrudecidas del mismo imperio, sus estampas son testigos de la resistencia digna de un pueblo en su empeño de vivir sin agresiones y en paz, pero que no dudará en tomar las armas, como hicieron entonces a lo largo de la historia, en nombre de la independencia y el socialismo.
Voluntad exclamada tantas veces en la consigna de: «¡Patria o Muerte!», que más que una consigna se vuelve un recordatorio constante de cuánto estarían dispuestos a sacrificar los cubanos si alguien amenazara con arrebatarle las conquistas ganadas al precio de la sangre y los sueños de varias generaciones.
Fuente: Agencia Cubana de Noticias

