¡No olvidar el exterminio en Auschwitz!
Los estremecedores testimonios que la historia universal atesora desde hace ocho décadas y media sobre el inicio del horrendo exterminio nazi en el campo de concentración de Auschwitz (Polonia), el 3 de septiembre de 1941, son un llamado permanente a la humanidad y una alerta sobre la vigencia que pudiera tener hoy, ante la agresividad y belicismo imperial.
El campo de prisioneros de Auschwitz -el escenario de mayor genocidio de la historia, el centro de exterminio más brutal de los anales del nazismo- produjo más muertos que las bajas británicas y norteamericanas en la Segunda Guerra Mundial.
Se trataba de un complejo de campos de concentración que fue el más grande de su tipo, creado fundamentalmente para llevar a cabo el plan nazi para la “solución final”. Dejó su marca como uno de los campos más tristemente célebres del Holocausto.

Allí murieron más de un millón cien mil personas, incluido casi un millón de judíos. A las personas que no eran enviadas directamente a las cámaras de gas, se les sentenciaba a trabajos forzados.
Los cadáveres se apilaban unos encima de otros, como maderos. Un dentista abría la boca de los asesinados y les sacaba el oro de los dientes. Se les quitaban las prótesis dentales y ortopédicas. El hedor de los cuerpos en descomposición se podía oler a kilómetros de distancia. También en ese lugar fueron construidos crematorios y los médicos de las SS alemanas llevaron a cabo experimentos médicos, realizaron investigaciones pseudocientíficas en niños, gemelos y enanos, y practicaron esterilizaciones forzosas y castraciones en adultos. Auschwitz cerró en enero de 1945, al ser liberado por el ejército soviético.
A la luz de los tiempos más recientes se evidencia que el gobierno de Estados Unidos ha convertido al nazismo en una categoría interpretativa del «mal» como ausencia del «bien». Pero la historia debe servir para actualizar el pasado y advertir sobre lo que las voces dicen de «recordar Auschwitz», sin omitir que las técnicas de exterminio palpitan ahora mismo en distintas fronteras de la condición humana.
Desde hace algún tiempo, la tolerancia que a menudo se observa en el mundo, la falta de condena y denuncia de hechos muy similares a aquellos y la aceptación sobre todo en Europa hacia movimientos y manifestaciones neofascistas; la ola de torturas protagonizada por los ocupantes de Iraq y la barbarie ocurrida en ese país, al igual que ocurrió entonces en Afganistán, los horrores a los que se sometieron a los prisioneros en la Base Naval de Guantánamo, toda vez que luego la emprenderían ferozmente contra los niños, mujeres, hombres y ancianos en Palestina, que son expulsados de su tierra y exterminados como si fueran animales. Así sucede con todo el que se considere de una «raza inferior».
No obstante las ocho décadas y media transcurridas, muchos son los ejemplos palpables hoy que nos indican que Auschwitz no es cuestión del pasado. Sus simientes ideológicas y su pragmatismo se pasean por el mundo, ante la mirada asombrada de muchos y el beneplácito de otros.

