La segunda vez que Estados Unidos intervino en Cuba
Cuba no olvida que el 29 de septiembre de 1906, los Estados Unidos pisaron su suelo con botas militares, después que un presidente nombrado Tomás Estrada Palma, traidor al legado de su maestro José Martí, solicitara que los fusiles del Norte se encargaran de reprimir a su propio pueblo.
Y no podemos olvidar esa fecha, más ahora que una nueva casta de mercenarios, con el disfraz de disidentes y opositores, instan a Washington como corderos -con el apoyo de ciertos cubanos emigrados-, para que el imperio regrese con sus cañoneras, como hicieron hace 120 años, y someter así a un pueblo bajo sus designios.
Estrada Palma, con una marcada vocación anexionista, enfrentaba un conflicto interno entre partidos políticos que se disputaban el poder, quería su reelección y al verse en dificultades, hizo la solicitud al gobierno yanqui, lo que se llevó a cabo al amparo del Artículo 3 de la fatídica Enmienda Platt.
En aquella fecha llegaban a Cuba seis naves de guerra con más de tres mil marines, haciéndose cargo como Gobernador de la nación el entonces secretario de Estado norteamericano William H. Taff, quien posteriormente, el 13 de octubre, dejó en el cargo a Charles Magoon.
Esa segunda intervención abarcó dos años y cuatro meses, y durante ese período ninguno de los problemas fundamentales se resolvió, al contrario, Cuba se continuó entregando a los monopolios yanquis, para reafirmar su hegemonía política y económica. Sentó un nefasto precedente de corrupción desenfrenada, despotismo, fraude, juego, enriquecimiento ilícito y abuso de poder, que se acentuaría como uno de los graves males de la República, fundada en 1902.
Dada la opinión desfavorable que se había ganado el presidente estadounidense Teodoro Roosevelt por su política agresiva en el Caribe y Centroamérica, su gobierno trató de presentar este hecho ante la opinión pública mundial como una muestra de la “incapacidad” de los cubanos para la vida democrática, y como la única solución encontrada para encauzar al país por el camino correcto.
Aunque el pueblo se opuso tenazmente a esta nueva injerencia norteamericana, nada pudo hacer entonces, solo esperar a que se retiraran las tropas, dejando como nuevo presidente a José Miguel Gómez, tan entreguista y bandido como el anterior. En lo adelante, los aspirantes al poder se sentirían obligados a anteponer el visto bueno del gobierno de Estados Unidos a la voluntad del pueblo y a la conveniencia de la nación.
Lo insólito fue que, al retirarse los ocupantes norteamericanos, se exigió a Cuba el pago de la intervención, rechazada por el pueblo, alegando que Cuba debía sufragar los desembolsos extraordinarios hechos por Estados Unidos para pacificarla.
Ahora que el bloqueo económico, comercial y financiero se recrudece brutalmente, así como el cerco energético, y se escuchan nuevos aullidos de agresión por parte del gobierno de Estados Unidos, con sus modernas cañoneras y entrenados marines, es bueno recordarles que la Cuba de hoy es muy diferente, millones de cubanos están decididos a defender sus conquistas y están preparados en todos los órdenes. ¡A Cuba no la tendrán!

