No es un poemario al uso, sino un larguísimo susurro que el alma exhala. Quien se asoma a sus páginas no encuentra metáforas rebuscadas ni alardes de erudición, sino la desnudez de un corazón que habla en voz baja, como quien reza sin saber que está siendo escuchado, y un canto sencillo al amor. Es el canto del hombre ante el infinito.

