28 de octubre: entre la memoria y la dignidad
Este 28 de octubre, la defensa de la soberanía cubana vuelve a ratificarse entre la memoria y la dignidad. No solo porque la Asamblea General de las Naciones Unidas sometió a votación, por trigésimo cuarta ocasión, la resolución que reclama el fin del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba, sino también porque Cuba recuerda un nuevo aniversario de la desaparición física de Camilo Cienfuegos (1932-1959), el inolvidable Héroe de Yaguajay.
La votación de este año llegó en medio de un escenario particularmente complejo, marcado por las presiones diplomáticas de Washington sobre gobiernos y delegaciones para intentar modificar posturas históricas de respaldo a la resolución cubana.
Sin embargo, el mundo sabe, y así quedó demostrado durante la primera jornada de debates, que no se trata de un reclamo meramente formal. Detrás de cada voto están las consecuencias concretas de una política que impacta áreas esenciales de la vida nacional, desde la salud y la producción de alimentos hasta el acceso a medicamentos, el transporte, la generación eléctrica y otros sectores estratégicos para el desarrollo del país.
Hoy en medio de la batalla diplomática en Nueva York, miles de niños lanzaron flores al mar, a los ríos y las presas. Como cada año, el pueblo vuelve al encuentro de Camilo desde la continuidad, porque su verdadera permanencia radica en haber encarnado valores que continúan formando parte de la identidad nacional, así como su profunda convicción de que la independencia de Cuba no era negociable. Esa es la razón por la que, 67 años después de su desaparición física, sigue siendo una referencia ética para generaciones enteras.
Resulta imposible, por tanto, no advertir los puentes que unen a ambas conmemoraciones. Sobre todo, si la resolución que hoy defendió el país en Naciones Unidas la entendemos más allá del documento diplomático y la asumimos también como expresión contemporánea de principios que figuras como Camilo contribuyeron a consolidar. En el fondo de ese debate están el derecho de los pueblos a decidir su propio destino, la no injerencia en los asuntos internos y la dignidad como fundamento irrenunciable de la soberanía.
En ese sentido, nuestro Capitán Tranquilo nos recuerda con su ejemplo además, que cuando hablamos o luchamos por la independencia no nos referimos únicamente a una conquista definitiva, sino a una responsabilidad permanente. La defensa de la autodeterminación se libra en todos los frentes y en todas las épocas. A unos les correspondió hacerlo en la Sierra Maestra; a otros, desde una zafra, un aula, un laboratorio, un hospital o una fábrica. Hoy, esa misma defensa también tuvo lugar en el escenario multilateral de las Naciones Unidas, donde Cuba volvió a alzar su voz en nombre de principios que trascienden sus fronteras.
Así entonces, entre la memoria de un hombre que hizo de la lealtad una forma de vida y la firmeza de un país que reclama justicia ante el mundo, transcurre este 28 de octubre. Una fecha en la que Cuba vuelve a demostrar que la dignidad que inspiró a Camilo sigue viva en la voluntad de un pueblo que no renuncia a decidir su propio destino.

