Lázaro Peña, alma de la clase obrera cubana
Esbozar en pocas líneas la vida fecunda del gran revolucionario y líder obrero Lázaro Peña González (1911-1974) es una tarea difícil, por su rica trayectoria desde muy joven en defensa de los derechos y aspiraciones de la clase trabajadora cubana, que se enfrentaba cada día a la tiranía de Gerardo Machado, antiobrera y proyanqui.
Tempranamente participó de manera activa en la huelga general de agosto de 1933, que produjo la caída de esa tiranía, a la que le sucedieron otras. Ya en enero de 1934 asumió, junto a Blas Roca Calderío, la dirección de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (Cnoc) y del Partido Comunista.
Había emprendido su forja comunista en la huelga, en la protesta obrera, repartiendo proclamas por fábricas y talleres, pintando en las calles lemas antimperialistas y antimachadistas. Desde entonces Lázaro devino máximo dirigente obrero e inicia la paciente labor clandestina de reorganizar el movimiento sindical cubano.
Sufrió persecuciones y encarcelamientos y en ese contexto se fueron dando las condiciones para crear, a finales del año 1939, la Confederación de Trabajadores de Cuba, bajo el liderazgo de quien fuera ya, y lo seguiría siendo por siete lustros, el Capitán de nuestra clase obrera, como lo calificara muchos años después el Comandante en Jefe Fidel Castro.
Su labor incansable por la unidad lo hizo cada vez más cercano a los cubanos, en especial a los trabajadores, llegando a convertirse en uno de los líderes obreros más queridos y reconocidos mundialmente.
Siempre destacaba su maestría para presidir las asambleas sindicales y dirigir los debates con gran dominio y soltura. Para ello estaba preparado. Conocía a fondo la vida laboral, recorría centros de trabajo, hablaba mucho con la gente, tenía paciencia para escuchar hasta los planteamientos más adversos; era persuasivo, trataba de convencer, hacer razonar, explicar todas las veces que fuera necesario, con una lenguaje claro, preciso, sincero; poseía amplios conocimientos y argumentos para orientar acertadamente a la masa trabajadora.
En ese escenario demostró un estilo de dirección camaraderil, franco y abierto, basado en la comunidad de ideales y en el ejercicio riguroso de la crítica y la autocrítica en el movimiento sindical.
A 115 años de su natalicio, los cubanos lo recuerdan inmenso, como el gran hombre y dirigente obrero que fue. La forma más digna de rendirle tributo es movilizando y defendiendo los logros innegables de la clase obrera, de sus cientos de miles de afiliados en todo el país, y a la Patria cubana si fuese necesario ante una agresión enemiga.

