Celia Sánchez Manduley, imprescindible para todos los tiempos
Hasta el último instante de su vida, en aquel 11 de enero de 1980, Celia Sánchez Manduley se entregó por entero a hacer avanzar la lucha y la obra revolucionaria. Total fue su activismo en difíciles condiciones, como apoyo a la insurrección armada encabezada por el joven líder revolucionario Fidel Castro.
Primero desplegó su acción en su natal Media Luna, y después en Manzanillo, Pilón, Campechuela… en la organización junto a Frank País del alzamiento del 30 de noviembre de 1956, en el recibimiento a los expedicionarios del yate Granma y más tarde en lograr la supervivencia de la guerrilla en la Sierra Maestra, su desarrollo y extensión por la zona oriental de Cuba.
Se le vio siempre atenta a los más mínimos detalles para lograr el éxito de cada tarea que se le orientaba. Está aun intacta su presencia en las casas utilizadas como centro de operaciones clandestinas; en la finca de Epifanio Díaz, en El Jíbaro, donde ocurrió su primer encuentro personal con Fidel en febrero de 1957, y en los sitios, donde era frecuente verla durante los primeros días de enero de 1959, con su uniforme verde olivo y el brazalete rojinegro del 26 de Julio.

Nada la menguaba, ni siquiera las espinas de un tupido marabuzal donde se escondió para no ser descubierta por el ejército batistiano y cuyas espinas se ensañaron con su cabeza, causándole dolorosas lesiones. Nunca nadie pudo verla cansada ni derrotada por la fatiga tras arduas jornadas, mucho menos sin su habitual ademán risueño y su blanca mariposa en el cabello.
Decisivos fueron sus envíos al naciente Ejército Rebelde de suministros de armas, municiones y medicinas, hasta su incorporación a la guerrilla en aquellas hermosas lomas, como eficaz colaboradora de Fidel. Allí integró la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio y formó parte de la toma de importantes decisiones.
Siempre trató de estar muy cercana a las masas, a los hombres y mujeres de este pueblo; a los niños, muchos de los cuales encauzó en becas, centros de enseñanza que les ayudarían en el rumbo de la vida desde el amanecer triunfante del Primero de Enero de 1959.
Los cubanos la identifican como luchadora del Llano y la Sierra, pero de manera particular, a partir de sus valores humanistas, llena de ternura y sensibilidad, por la especial manera en que supo atender cada preocupación o planteamiento del pueblo que llegase a sus manos, en lo que se empeñaba para buscarle solución.
A la distancia de 46 años de su desaparición física, la impronta de Celia Sánchez Manduley nos invita cada día a seguir siendo fieles a los principios de la Revolución, a los héroes y mártires de la Patria, al Gobierno y al Partido, a hacer lo que en cada momento y lugar es preciso, con la decisión y firmeza que a ella la distinguió.

