José Luis Posada: el trazo crítico que definió una época en Cuba

José Luis Posada: el trazo crítico que definió una época en Cuba
Foto tomada de La Jiribilla

En el ámbito de la gráfica cubana, donde confluían la política y el arte, pocos nombres resuenan con la fuerza y la originalidad del asturiano-cubano José Luis Posada Medio. Conocido con cariño por todos como “el gallego Posada”, este maestro de la caricatura y la ilustración, fallecido en 2002, dejó un vacío en la cultura de Cuba, y un legado de ingenio mordaz y compromiso social.

Su obra, caracterizada por un expresionismo crítico y un humor inteligente, no solo documentó décadas de la vida nacional, sino que se convirtió en un instrumento de reflexión colectiva, un espejo que a veces divertía y otras incomodaba, pero nunca pasaba desapercibido.

La vida de José Luis Posada es en sí misma una narración marcada por los grandes desplazamientos del siglo XX. Nacido en Villaviciosa, Asturias, en 1929, su infancia se vio abruptamente interrumpida por la Guerra Civil española. En 1938, con solo nueve años, su familia huyó del terror fascista cruzando a Francia en una barca carbonera, solo para encontrarse con el horror de los campos de concentración para refugiados republicanos. Finalmente, en 1940, la familia logró establecerse en San Antonio de los Baños, Cuba, donde el joven Posada iniciaría su doble vida: entre el mundo práctico del garaje familiar y el universo creativo del dibujo.

Su formación fue atípica y autodidacta. Un viaje a Nueva York a inicios de los años cincuenta lo puso en contacto con la Art Students League y la efervescencia de la gráfica publicitaria norteamericana, una influencia que marcaría su futuro estilo. Sin embargo, fue en Cuba, donde su talento encontró su verdadero propósito y su voz única.

El triunfo de la Revolución Cubana en 1959 representó un punto definitivo en la vida y la carrera de Posada. A los treinta años, tomó la decisión de abandonar el trabajo en el garaje para dedicarse por completo al arte, integrando su talento al proyecto cultural de la naciente revolución.

Su momento cumbre llegó en 1966 con la fundación de El Caimán Barbudo, la revista de la joven intelectualidad revolucionaria. Fue Posada quien le dio nombre al proyecto y diseñó su imagen identitaria: un simpático caimán con barba que se convertiría en un ícono de la prensa cultural cubana. En sus páginas, Posada desplegó todo su genio. Sus ilustraciones y caricaturas, de una solidez y originalidad indiscutidas, dotaron a la publicación de una movilidad visual extraordinaria. Allí creó un “bestiario” crítico de personajes nacionales e internacionales, dirigiendo su mirada incisiva contra burócratas, oportunistas y mediocridades políticas, siempre con un alto nivel estético y comunicativo.

La obra de José Luis se erige como un pilar de la gráfica de comunicación cubana de la segunda mitad del siglo XX. Admirador del alemán George Grosz, supo tomar de él un sentido trágico y crítico que fusionó con el humor cubano, generando más sonrisas inteligentes que carcajadas. Su estilo expresionista, inédito en la gráfica cubana de su tiempo, aportó una nueva estrategia de codificación visual que dialogaba con un receptor ávido de verdades y críticas.

La partida de “el gallego Posada” cierra el capítulo de una generación de creadores, cuyo trabajo fue fundamental para definir los contornos visuales y críticos de la Cuba contemporánea.

Más que un simple ilustrador, José Luis Posada fue un cronista visual, un filósofo del dibujo que, desde su condición de inmigrante devenido cubano por adopción y convicción, supo interpretar las complejidades, contradicciones y esperanzas de su tiempo. Su lápiz, siempre afilado y preciso, deja una estela imborrable en la memoria cultural cubana, un testimonio gráfico de que el arte, incluso el que nace de la sátira, es una forma profunda de pertenencia y amor a la patria que se elige.

Lázaro Hernández Rey