Adigio Benítez: El oficio de un artista comprometido
Adigio Benítez Jimeno (1924-2013) fue una figura que definió parte del siglo XX artístico cubano desde la autenticidad. Un creador integral cuyo pincel, su lápiz y su palabra poética sirvieron a una profunda vocación social, sin dejar de explorar con rigor formal los lenguajes de su tiempo. Más que un pintor, Benítez fue un narrador visual de su época, un maestro que formó generaciones y un intelectual cuyo compromiso con la cultura cubana le valió los más altos reconocimientos nacionales.
Benítez nació en Santiago de Cuba, el 26 de enero de 1924. Su camino hacia el arte inició formalmente cuando, aún joven, se trasladó a La Habana para matricularse en la prestigiosa Academia de Bellas Artes San Alejandro.
Sin embargo, las dificultades económicas, una constante en su juventud, truncaron sus estudios iniciales. Este contratiempo no lo alejó del oficio. Trabajó como operario en un taller de cerámica en Santiago de las Vegas y, con determinación, consiguió su primera oportunidad en un diario local. Este primer acercamiento al periodismo gráfico marcaría para siempre su rumbo.
Desde mediados de la década de 1940, el trazo ágil y crítico de Benítez comenzó a aparecer en diversas publicaciones de la prensa progresista cubana. Su militancia política lo llevó a colaborar con la revista Mella, de los jóvenes comunistas, y en 1949 inició su vínculo con el periódico Hoy, órgano del Partido Socialista Popular.
Este trabajo no estuvo exento de riesgos. Durante la dictadura de Fulgencio Batista, los órganos represivos lo ficharon y sufrió prisión. Incluso cuando el periódico Hoy fue clausurado en 1953, persistió en la lucha clandestina y publicó dibujos de denuncia en la Carta Semanal bajo seudónimos como Laura, Abejota o A. del Campo.
La obra plástica de Benítez es un fiel reflejo de su evolución personal y del contexto histórico que vivió Cuba. Sus primeros óleos datan de 1953, y en ellos plasmó con crudeza y empatía las paupérrimas condiciones de vida de trabajadores y campesinos.

En los años 50, mientras la pintura cubana se volcaba hacia la abstracción, Benítez se mantuvo como una figura solitaria en su insistencia por un arte realista de profunda connotación social. Obras como Maternidad (1954), Trabajadores (1957) y su excepcional retrato del líder azucarero Jesús Menéndez (1958) testimonian esta etapa. Este último trabajo, en formato de cartel, le valió el Premio de la Prensa Obrera de Cuba en 1948.
Tras el triunfo revolucionario su búsqueda estética dio un giro. Asimiló los cambios sociales y experimentó con nuevos códigos. Series como Los soldadores (1962-1963) mostraron un acercamiento a recursos abstractos, aunque el dibujo siempre se mantuvo como base de su creación.
En 1969, su exposición “Papiros en La Habana” definió momento importante. Influido por una comprensión tardía del cubismo, exploró las posibilidades de la papiroflexia, mezclándolas con apropiaciones del arte universal. Su estilo se caracterizó, en términos generales, por un dominio formal riguroso y una constante búsqueda expresiva.
Dicha experiencia tuvo oportunidad de compartirla desde su trabajo pedagógico. Con el triunfo de la Revolución alternó su trabajo en el periódico Hoy con una cátedra en la recién inaugurada Escuela Nacional de Arte. Fue profesor fundador de la Escuela Nacional de Artes Plásticas y del Instituto Superior de Arte (ISA). Su dedicación fue tan notable que en 1987 el ISA le otorgó la categoría docente especial de Profesor de Mérito. En 2003, el Estado cubano reconoció esta labor con el Premio Nacional de la Enseñanza Artística.

La talla de Benítez trascendió las fronteras de la isla. Entre 1979 y 1983 presidió la Asociación Internacional de Artistas Plásticos, y luego se mantuvo como su Presidente de Honor. Participó en más de un centenar de exposiciones colectivas en Cuba y en el extranjero, incluyendo bienales en México y São Paulo.
También recibió la Orden “Félix Varela” de Primer Grado (1994), el Premio Nacional de Artes Plásticas (2002) y el Premio Nacional de la Enseñanza Artística (2003), en reconocimiento a su ejemplar labor pedagógica.
Benítez falleció en La Habana el 9 de mayo de 2013, a los 89 años. Su obra se conserva en la Colección de Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes, en la Casa de las Américas y en otras instituciones y colecciones privadas dentro y fuera de Cuba.
Su perfil fue el de un artista integral y comprometido. Un hombre que, desde el dibujo, la pintura, la enseñanza e incluso la poesía —publicó cuatro cuadernos de versos—, supo dialogar con su tiempo sin traicionar sus convicciones. Su obra, partícipe destacada de la plástica cubana del siglo XX, es también un recordatorio de que el arte, en sus manos, fue siempre un acto de fe en la vida y en la dignidad de su pueblo.

