Bertillón 166, de José Soler Puig: un relato necesario
Bertillón 166, de José Soler Puig, es un testimonio literario fundamental de la insurrección cubana contra la dictadura de Fulgencio Batista; es uno de esos libros que todos debemos leer.
Publicada en 1960 y galardonada con el primer premio literario que otorgó Casa de las Américas, la obra se erige como un pilar de la narrativa revolucionaria, combinando un profundo valor histórico con una potente construcción artística.
La grandeza de la novela reside en su capacidad para convertir la realidad histórica en una experiencia sensorial y emocional. Soler Puig, testigo directo de los hechos, no se limita a narrar; construye una atmósfera opresiva y tangible que envuelve al lector en el miedo, la tensión y la esperanza de la Santiago de Cuba de los años 50 del pasado siglo XX.
Su prosa, alejada del panfleto, se concentra en el retrato humanista de un pueblo integrado por estudiantes, obreros, mujeres y pobres, que se convierte en el auténtico protagonista colectivo. El título, que hace referencia al código forense usado para ocultar asesinatos políticos, se transforma en una poderosa metáfora de la mentira del régimen y la verdad de la lucha, dotando a la trama de una densidad simbólica extraordinaria.
Como documento, la novela ofrece una crónica viva de la resistencia urbana. Captura la efervescencia del Movimiento 26 de Julio, la brutal represión de los «Tigres de Masferrer» y la solidaridad que germinaba en las calles. Al centrarse en Santiago de Cuba, epicentro de la rebelión, Soler Puig documenta no solo los hechos, sino el estado de ánimo de una generación que vivió atrapada «entre el horror y la muerte, entre la vida y la lucha». Por ello, trasciende su momento para convertirse en un clásico indispensable para comprender un período decisivo de la historia cubana.
La trama se desarrolla en la capital oriental de Cuba durante la segunda mitad de la década de 1950. La prensa diaria publica listas de fallecidos bajo causas médicas, pero muchas muertes violentas son encubiertas bajo el código policial «Bertillón 166». En este contexto, seguimos las vidas entrelazadas de jóvenes como Carlos Espinosa, capturado por poner una bomba; Raquel y Rolando, una pareja que decide unirse a la guerrilla en la Sierra Maestra; y una galería de personajes del pueblo santiaguero. La novela es, en esencia, el relato de cómo una ciudad entera se levanta contra la tiranía.
Por la crudeza de algunas situaciones y la complejidad del contexto histórico, la obra no es recomendable para menores de edad, siendo más adecuada para lectores mayores de 16 años, y muy especialmente para estudiantes de literatura, historia o ciencias sociales, así como para cualquier lector interesado en novelas políticas y de resistencia con personajes jóvenes protagonistas.
Basada en esta novela, la cineasta Rebeca Chávez hizo una adaptación con la que debutó en el cine de ficción, pues hasta entonces se había desempeñado como documentalista, llegando a alcanzar un gran prestigio. La directora, nacida en Santiago de Cuba, ha señalado que su intención no fue hacer un «drama histórico», sino explorar los conflictos humanos y las repercusiones de la violencia en la vida cotidiana, inspirándose en las historias de la novela.
José Soler Puig, nacido y fallecido en Santiago de Cuba, fue un escritor autodidacta que ejerció los más diversos oficios —desde recogedor de café hasta vendedor— antes de consagrarse a la literatura. Su vocación fue temprana: a los 15 años se impuso la disciplina de escribir un cuento diario. El reconocimiento le llegó de manera explosiva con su ópera prima, Bertillón 166, que mereció el voto de jurados como Alejo Carpentier, quien vio en ella «un auténtico temperamento de novelista». Le siguieron obras como En el año de enero (1963) y El pan dormido (1975), pero siempre permaneció fiel a su ciudad, de la que rara vez se alejó.
Bertillón 166 sigue palpitando como un relato necesario, un ejemplo de cómo la gran literatura nace de la capacidad para transformar el compromiso histórico en una obra de arte perdurable y conmovedora.
Nota adicional
Bertillón 166 hace referencia a un código desarrollado por Alphonse Bertillon en 1880 para la identificación antropométrica de individuos, utilizada en la investigación criminal, y cuyo mayor uso fue en Francia a finales del siglo XIX y principios del XX. No se encontró referencia de que ese código alcanzara el número 166, por lo que se supone que fue un recurso literario de Soler Puig para su obra.

