Jornada Villanueva 2026: La memoria viva del teatro cubano
La Jornada Villanueva 2026, que durante todo el mes de enero transformó ciudades y teatros en foros de memoria y creación contemporánea, cierra su telón con un rotundo éxito y confirma la vitalidad, diversidad y alcance nacional del teatro en el mayor archipiélago de las Antillas. Bajo el lema “El teatro cubano a 157 años de los sucesos del Villanueva”, la celebración consagró una vez más a esa manifestación como espacio de pensamiento colectivo, reafirmando que su escena sigue presente, inquieta y necesaria.
Concebida como un ejercicio de memoria viva, la Jornada tuvo como núcleo central conmemorar los sucesos del 22 de enero de 1869 en el Teatro Villanueva de La Habana, cuando el público, coreando consignas independentistas, fue brutalmente reprimido por el poder colonial español. Ese gesto fundacional, donde el teatro se convirtió en acto político y de afirmación nacional, fue el espíritu que recorrió todas las actividades.
La edición de 2026 tuvo un significado especial al dedicarse al aniversario 80 del natalicio de dos pilares de la escena nacional: el dramaturgo José Milián y el crítico e investigador Freddy Artiles. Su legado fue el hilo conductor de una programación que se articuló en tres ejes fundamentales: memoria histórica, diálogo académico y diversidad escénica.
La agenda capitalina cumplió con una serie de hitos que marcaron el pulso de la Jornada, combinando tributo, reflexión crítica y la entrega de varios premios.
El 22 de enero, Día del Teatro Cubano, el máximo galardón que otorga las artes escénicas en Cuba fue entregado al consagrado actor Fernando Hechavarría, en reconocimiento a una carrera excepcional. La Sala Villena de la Uneac acogió la ceremonia de entrega del Premio Nacional de Teatro 2026, organizada por la Sección de Crítica e Investigación de la institución.
También se realizaron los tributos programados a Milián y Artiles. El 13 de enero, un panel en el Teatro La Proa analizó el extenso legado de Freddy Artiles con la participación de colegas y estudiosos como Blanca Felipe Rivero y Rubén Darío Salazar.
El 20 de enero, en la Sala Tito Junco, tuvo lugar la emotiva lectura dramatizada del texto inédito de José Milián, La vaca que canta, en un evento único que acercó al público a la dramaturgia del autor.
Un capítulo emotivo de la Jornada fue el dedicado a Pelusín del Monte, proclamado Títere Nacional de Cuba. Se recordó que fue el propio Freddy Artiles uno de los impulsores de esta designación oficial. La actividad coincidió con la proclamación del 2026 como “Año Pelusín del Monte” por el Centro Cubano de la Unión Internacional de la Marioneta (Unima), con lo cual se vinculó el homenaje a los maestros con la celebración de un símbolo popular.
De igual modo, sobresalió el concierto Canciones viejas siempre nuevas, dirigido por Rubén Darío Salazar el 11 de enero en el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, se realizaron paneles sobre formación teatral en la Universidad de las Artes de Cuba y la Uneac, con figuras como Raquel Carrió y Osvaldo Cano, y la presentación de publicaciones como el boletín Prometeo y el libro Rito y representación. Registro de la memoria, enriquecieron el diálogo teórico.
La verdadera magnitud y el espíritu más innovador de la Jornada se apreciaron en la expansión en otros territorios, donde cada provincia imprimió su carácter propio y demostró que el teatro cubano se escribe con múltiples acentos.
Ciego de Ávila vivió uno de los momentos más simbólicos y emotivos de toda la Jornada. La presentación de la obra Náufragos, de la compañía Caminos Teatro dirigida por Juan Germán Jones, en el Teatro Principal, se convirtió en un auténtico acontecimiento cultural. El regreso del público a esta sala emblemática, luego de años cerrada por reparaciones, cargó la función de una emoción especial. La respuesta fue tan contundente que, debido a la alta demanda, ya se programaron nuevas funciones para mediados de febrero. La programación avileña también incluyó un conversatorio sobre el Día del Teatro, funciones infantiles como Soñando en colores del Guiñol Polichinela, teatro callejero con Gente de barro y el reconocimiento a actores de diversos colectivos por su trabajo sostenido.
En Las Tunas, del 21 al 24 de enero, la Jornada rindió tributo adicional a la actriz local Adelaida Villavicencio y, en el centenario de su natalicio, al actor Alfonso Silvestre. Destacó el estreno de una versión de Contigo pan y cebolla, de Héctor Quintero, a cargo del grupo Total Teatro. La cita fue enriquecida con la participación de compañías invitadas de Granma, Villa Clara y Santiago de Cuba, y contempló la entrega de los premios provinciales Alborada y Puertas Abiertas.
Con una de las programaciones más largas (del 2 al 29 de enero), Matanzas celebró aniversarios de instituciones clave: 25 años de Teatro Icarón, 15 de Teatro El Portazo, 30 de la Galería El Retablo y 10 del Museo de Esculturas en Madera de la Dramaturgia Cubana. Como parte de los festejos, el colectivo Icarón preparó el estreno de Baños Públicos, de Esther Suárez Durán. También, se desarrolló el II Laboratorio Archivo de la Memoria Escénica, un espacio teórico para analizar la documentación y preservación del patrimonio teatral.
Camagüey, a su vez, puso el énfasis en la formación con el estreno académico de El peso de una isla a cargo de estudiantes de tercer año de la Academia de Artes Vicentina de la Torre. Este estreno, bajo la dirección del profesor Leonardo Leyva Fernández, otorgó protagonismo a la formación artística sobre los elencos profesionales.
Granma, por su parte, celebró varios aniversarios locales, como fueron los 170 años del teatro Manzanillo, los 70 del actor Norberto Reyes y los 35 de la compañía Andante. El programa incluyó tres estrenos a cargo de las agrupaciones Andante, Ategua y la compañía Tiempos.
La Jornada Villanueva 2026 demostró ser mucho más que una conmemoración histórica. Fue una celebración viva y extendida que logró un equilibrio perfecto: honró la memoria de sus maestros, reconoció el trabajo de creadores en todo el país, dio espacio a las nuevas generaciones y, sobre todo, reconectó con un público ávido de teatro de calidad.
Desde el éxito de convocatoria en Ciego de Ávila hasta la reflexión teórica en Matanzas, el evento confirmó que el teatro en Cuba mantiene una vitalidad inquieta y un diálogo constante con su tiempo y su gente. La Jornada cerró no como un final, sino levantando el telón de la esperanza para el año teatral que continúa, reafirmando que el teatro sigue siendo un espacio esencial de pensamiento, identidad y encuentro colectivo para la nación.

