Calixto García, ejemplo de patriotismo inclaudicable y voluntad a toda prueba
Calixto García Íñiguez es, sin dudas, una de las figuras más prestigiosas en la historia de las luchas por la independencia de Cuba.
Esa valoración descansa en sus méritos como combatiente de las tres guerras del siglo XIX (la de los Diez Años, la Guerra Chiquita y la iniciada en 1895); fue un gran estratega, el que mejor usó la artillería y más se especializó en el asalto y toma de plazas fortificadas; por dos veces fue jefe de departamento oriental y -luego de la muerte de Antonio Maceo- fue Lugarteniente General del Ejército Libertador.
Como si hubiera sido poca la gloria que alcanzó para Cuba, mediante acciones de guerra que dirigió o en las que tomó parte, su recuerdo va indisolublemente unido a la historia de su viril enfrentamiento al general William Shafter, jefe de las fuerzas norteamericanas que desembarcaron en la zona oriental en 1898, con el fin de escamotear a favor de Estados Unidos una victoria que solo correspondía al Ejército Libertador.
Calixto García falleció el 11 de diciembre de 1898, en Washington, Estados Unidos. Se perdía así al último de los grandes generales de la manigua, que en esos momentos se encontraba en misión oficial en tierra norteamericana, para sostener conversaciones con el gobierno de ese país con vista a lograr el reconocimiento de la Asamblea de Representantes de la Revolución Cubana como órgano para establecer las bases del licenciamiento del Ejército Libertador.
A sus funerales asistió el pueblo estadounidense que conocía de su dignidad y patriotismo. Casi dos meses después, a bordo del buque de guerra US Nashville fue trasladado el cadáver a La Habana, que arribó el 9 de febrero de 1899, para recibir sepultura definitiva en la tierra que lo vio nacer.
En la capital cubana a su sepelio acudió una imponente manifestación que quería acompañar al extraordinario y valeroso jefe mambí. La bandera cubana ondeaba a media asta en las fortalezas militares y en las dependencias oficiales; los disparos desde los cañones hacían recordar que la patria estaba de luto.
Finalmente, fue velado en el Palacio de los Capitanes Generales, cerca de la avenida del puerto. Durante dos días desfilaron ante su féretro miles de patriotas, compañeros de armas y el pueblo habanero en general, rindiéndole un sentido tributo de respeto y admiración, para darle el último adiós.
El día 11 de febrero se organizó el desfile que lo acompañaría hasta el Cementerio de Colón, su segundo lugar de enterramiento. El ataúd fue llevado en hombros por miembros de la Asamblea de Representantes hasta la puerta del Palacio.
Más de ocho décadas después, los restos de Calixto fueron trasladados a su natal Holguín (diciembre de 1980) y depositados definitivamente en el Mausoleo que se construyó en la Plaza de la Revolución que hoy lleva su nombre, erigido como un sitio de homenaje perenne a un mambí de tan alta talla: patriota sin tacha, antianexionista y antiesclavista.
Ayer como hoy la vida de Calixto García es un ejemplo a seguir, porque al decir de José Martí «… enriqueció las glorias patrias… con hechos de valor supremo».

