El español sin fronteras: una lengua que celebra su grandeza en un mundo diverso

El español sin fronteras: una lengua que celebra su grandeza en un mundo diverso

Cada 23 de abril, el idioma español se viste de gala. La fecha, instaurada por la Organización de las Naciones Unidas en 2010, rinde homenaje a Miguel de Cervantes, fallecido un día como este en 1616. Sin embargo, la conmemoración trasciende el recuerdo del autor de El Quijote. Se convierte, más bien, en un acto de reflexión sobre la fuerza de una lengua que hablan más de 500 millones de personas en cuatro continentes.

La trascendencia del Día del Idioma Español no reside solo en las cifras, que de por sí impresionan. Según el Anuario del Instituto Cervantes (2023), el español es la segunda lengua materna del mundo por número de hablantes, solo superada por el chino mandarín. Además, cerca de 24 millones de personas estudian español como lengua extranjera. La directora del Instituto Cervantes, en una entrevista en marzo pasado, señaló: “No celebramos una lengua muerta ni un patrimonio fijo. Celebramos un vehículo de creación cultural y económica que crece cada año en Estados Unidos, Brasil o África subsahariana”. Esta observación resulta clave, pues rompe la imagen del español como un idioma confinado a España o a América Latina.

Elena Rojas, investigadora de la Universidad de Buenos Aires. Rojas explicó que la celebración cumple una función política y simbólica: “En un momento de polarización identitaria, el Día del Idioma Español recuerda que compartimos una gramática, una sintaxis y un caudal literario inmenso. Eso no niega la diversidad local”. La especialista citó el caso del español en Estados Unidos, donde más de 40 millones de personas lo usan a diario. “Allí nacen obras en ‘spanglish’ o en español neutro, y eso es riqueza, no degradación”, añadió.

Otra voz autorizada es la del novelista colombiano Juan Gabriel Vásquez, ganador del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos. En una conferencia dictada en la Feria del Libro de Bogotá en 2022, Vásquez afirmó: “Cervantes nos dio un idioma para la ironía y la duda. Por eso cada 23 de abril deberíamos leer en voz alta, no para uniformarnos, sino para escuchar los distintos acentos de una misma lengua”. Estas palabras resaltan la naturaleza polifónica del español, desde el voseo rioplatense hasta el seseo andaluz, pasando por el yeísmo mexicano y exalta cómo la celebración se convierte en un diálogo entre tradiciones.

Sin embargo, no todo es entusiasmo. Algunos especialistas advierten sobre riesgos de institucionalizar la fecha. El filólogo español Antonio Muñoz Molina, en un artículo publicado en El País en abril de 2023, criticó ciertos usos comerciales de la efeméride: “El peligro es convertir el idioma en una marca, en un producto de exportación vacío de contenido”, escribió. Molina recordó que la Real Academia Española (RAE) y las asociaciones de academias han hecho un esfuerzo loable por unificar criterios, pero insistió en que una lengua viva no se decreta, se habla. Su postura invita a una celebración más crítica y menos folclórica.

Desde la estadística, el informe El español en el mundo (2022) del Instituto Cervantes aporta datos contundentes: el español alcanza los 493 millones de hablantes nativos, mientras que el total de usuarios potenciales (incluyendo competencia limitada) supera los 591 millones. En Internet, el español es la tercera lengua más utilizada, con un 8 % del total de usuarios. Estas cifras refuerzan la idea de que la celebración no es una conmemoración nostálgica, sino un termómetro de una realidad contemporánea. Como señala la profesora de lingüística Carolina Díaz, de la Universidad de Salamanca: “Cada 23 de abril deberíamos también discutir políticas lingüísticas, derechos de los hablantes y el futuro del español ante la inteligencia artificial”.

Por ello el Día Internacional del Idioma Español trasciende el simple homenaje a Cervantes. Representa un punto de encuentro para una comunidad diversa, a menudo dispersa por la migración o la historia. La celebración adquiere verdadera trascendencia cuando ciudadanos, escritores y académicos la usan para preguntarse no solo qué somos como hispanohablantes, sino qué queremos ser. El español, lejos de ser un monumento fijo, se muestra como un río con múltiples desembocaduras. La prensa, las aulas y las conversaciones cotidianas se convierten así en el escenario principal de esta fiesta sin fronteras porque, como sentenció el poeta nicaragüense Rubén Darío: “el idioma es el alma de una raza”. Y esa alma late cada día, no solo en el calendario.

 

Lázaro Hernández Rey