Ignacio Piñeiro, genuino exponente del son cubano
Los cubanos agradecen al habanero Ignacio Piñeiro Martínez (1888-1969) la universalidad del son como género musical autóctono, a partir de los cambios en su derrotero genuinamente oriental, para fundirlo con otros elementos y conferirle un nuevo estilo.
Especialmente se recuerda hoy a Piñeiro en ocasión del aniversario 138 de su natalicio, pues siendo su artífice supo como nadie darle la dosis exacta de su salsita a la música popular cubana y animar a varias generaciones, que bailaron y cantaron al ritmo de sus composiciones, creadas con un estilo original que ha sabido mantenerse hasta nuestros días con el Septeto Nacional, fundado por él en 1927, y que llegara a ser el más grande e universal de los septetos de sones.

Esta agrupación, acertadamente dirigida por este compositor, rumbero y contrabajista, supo insertar en el son unas letras con textos largos y fuertemente influenciados por la rumba cubana, el guaguancó y la guajira de la parte occidental cubana.
Con el estilo de Piñeiro se consiguió enriquecer el son, tanto en letras como en ritmo y estilo. Su labor creativa fue significativa, logrando captar y expresar la riqueza plena de ese inigualable género, a través del cual lo mismo cantó al amor, la patria y los niños, que acudió a la sátira y al humor. También le corresponde el mérito de haber introducido el son en los salones y fiestas de La Habana en su tiempo.
Este 21 de mayo, habrá que bailar el son en cada localidad cubana, y también en muchas partes del mundo, y recordarlo como lo grande que fue este Poeta del Son, que no solo dirigió y compuso magníficos textos musicales (más de 320 obras), sino que atendió esmeradamente el trabajo vocal de cada pieza, la tonalidad y toda la complejidad melódica y rítmica creada por el autor. Sin dudas, lo identificaba un rico universo sonoro.
En el año 2017, en ocasión de la celebración por los noventa años del Septeto Nacional, la más longeva de las agrupaciones cubanas, se realizó un trabajo discográfico que sirvió de colofón para la presentación mundial del tema El son de Piñeiro, un homenaje que Francisco Oropesa y los integrantes de la agrupación hicieron a la figura del gran músico y director, a su legado y a todo lo que ha significado para la cultura cubana.
Correspondió a este Septeto ser la primera agrupación de su tipo en hacer sonar los primeros sones en el continente europeo, conquistar con rotundo éxito la simpatía del público y diseminar los ritmos cubanos con su excelencia musical.
Ignacio Piñeiro no tenía formación musical académica, pero sí una gran intuición. Su “Échale salsita” logra sintetizar lo trascendente, eso que no se toca pero permanece inalterable en la atmósfera musical de Cuba y del mundo: “Salí de casa una noche aventurera,/ buscando ambiente de placer y de alegría/ ¡Ay mi Dios, cuánto gocé!/ En un sopor la noche pasé;/ Paseaba alegre nuestros lares luminosos/ Y llegué… al bacanal”.

