Fidel y el extraordinario valor de su pensamiento político
El caudal de enseñanzas del Comandante en Jefe Fidel Castro es inagotable y se continúa enriqueciendo en la medida que se profundiza en su pensamiento y en su obra, sobre todo por su capacidad de análisis, de prever y vislumbrar el futuro.
Esas enseñanzas no solo las brindó a los individuos y los pueblos, sino que han servido de fértil abono en las luchas políticas y sociales en el mundo. Su ideario político debe ser fuente de consulta permanente para todos; por ejemplo, con respecto a las razones de la lucha, cómo enfrentar las dificultades y alcanzar las victorias, analizar las causas de los reveses, identificar lo esencial de cada situación, trazar las estrategias y tácticas, tomar decisiones…
Desde muy joven hizo gala de un pensamiento político muy profundo, enfrentándose de forma valiente y rebelde a todo tipo de dominación, y que fue transitando a uno más acabado, de largo alcance, desde el poder revolucionario.
Bebió del legado de sus predecesores, del pensamiento de José Martí, Carlos Manuel de Céspedes y Julio Antonio Mella fundamentalmente, para analizar la época que le tocó vivir, pero también de la práctica revolucionaria en las más difíciles condiciones de la lucha estudiantil y rebelde, y después del triunfo revolucionario. Estudió la obra de Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir Ilich Lenin y otros clásicos, y adaptó sus preceptos a las condiciones de Cuba.

Se convirtió en un joven estudioso y resuelto activista político, consciente de la necesidad de la toma del poder político si se querían cambiar los destinos del país, para más tarde ser ejemplo de revolucionario permanente; batallador de ideas en discursos, reflexiones y en el contacto directo con los cubanos, y estudioso de diversos y esenciales temas en beneficio de su pueblo y de la humanidad.
Su pensamiento político, profundamente martiano, revolucionario, antimperialista y socialista, enriquecido con tantas experiencias, se fue haciendo cada vez más radical y ha constituido un aporte significativo a la historia patria, unido a sus extraordinarias virtudes morales y humanas.
Y utilizó su magnífica oratoria para argumentar, convencer, persuadir, orientar y movilizar a las masas con sólidos y actualizados argumentos, que se hicieron irrebatibles y fortalecieron las conciencias de muchos en el mundo.
En la lucha, y con la acción política constante de Fidel y demás dirigentes de la Revolución, se fueron afianzando los valores supremos del pueblo cubano, que los hizo más altos para la defensa de un país constantemente amenazado desde el punto de vista militar, bloqueado en lo económico, financiero y comercial, y con un cerco energético sin precedentes: el patriotismo, la identidad y la conciencia nacional, que se apoyan en tres virtudes esenciales: la dignidad humana, la intransigencia e intolerancia hacia todo tipo de dominación extranjera, y la solidaridad.
A Fidel, su pueblo lo sigue queriendo entrañablemente.

