El ejemplo del Che es una fuerza invencible

El ejemplo del Che es una fuerza invencible
Foto tomada de Cubadebate

Para Ernesto (Che) Guevara dejar constancia escrita de sus recuerdos y vivencias se hizo algo cotidiano desde muy joven, primero con poemas y diarios, más tarde con textos más pensados y elaborados, porque concebía que alcanzar la libertad plena del individuo también estaba en la revelación poética o anecdótica del deber, como un sentido de la vida.

Así lo hizo a ratos, cada vez que podía, en sus primeros viajes por Sudamérica, en México, durante la gesta libertadora en la Sierra Maestra y luego, en el poco tiempo de que disponía con las distintas tareas de la Revolución, dentro y fuera de Cuba, etapa más fecunda de su obra escrita.

Y nos preguntamos: ¿cómo le fue posible a este hombre extraordinario, sensible y observador, cargado de tensiones y quehaceres revolucionarios, que asumía sus deberes de tal manera que le impedían, según su propio decir, llegar «con su pequeña dosis de amor cotidiano hacia los lugares donde el hombre común los deposita», no postergar textos que hoy convocan nuestra admiración y que no constituían, en los días en que los redactó, su cometido principal?

La respuesta la hallamos en el propósito que guía la mano de quien escribe y el destinatario escogido por el autor, aunque el Che nunca se consideró escritor, aun después de publicar en forma de libro, especialmente reveladores, sus Pasajes de la Guerra Revolucionaria.

Escritos con «la virtuosismo de un clásico de la lengua», como reconociera el Comandante en Jefe Fidel Castro, máximo líder de la Revolución Cubana. Y es que Pasajes… integra una serie iniciada en febrero de 1961 con el capítulo Alegría de Pío, que debía finalizar con los últimos combates librados, pero quedó trunca a la altura de la narración número 28, Una reunión decisiva, al partir el Che a cumplir el reclamo de otras tierras del mundo.

Con esta serie, aspiraba a una finalidad expresa, que pudiera parecer modesta y limitada, pero que a él le daba la máxima satisfacción: escribir no solo la historia desde su personal experiencia, sino alentar a los combatientes del Ejército Rebelde «a dejar también constancia de sus recuerdos» para «completar la historia».

En esos escritos, sin dudas, hay prosa de campaña y anotación rigurosa de enfrentamientos, de bajas sufridas o provocadas al enemigo, las armas ocupadas, textos en los que surge la entereza del soldado revolucionario, sin ocultar deserciones y dificultades de todo tipo, y la dirección ejemplar del mando del Ejército Rebelde. Son testimonios del esfuerzo de Fidel por ganar cada día la unidad de las fuerzas revolucionarias.

El Che hizo del trabajo diario una disciplina esencial y la puso al servicio del lector, los combatientes, el pueblo. Pudo encontrar siempre tiempo para esta como para toda tarea, porque consideraba que «el revolucionario cabal deberá trabajar todas las horas, todos los minutos de su vida en estos años de lucha tan dura, con un interés siempre renovado, siempre consciente, siempre fresco. Esto significa sentir la Revolución. Eso significa que el hombre es un revolucionario por dentro, que siente como revolucionario. Entonces el concepto de sacrificio adquiere nuevas modalidades».

A 59 años de su caída en combate, el ejemplo del Che continúa siendo una fuerza invencible.

Ana Rosa Perdomo Sangermés