Pensemos la cultura desde la más amplia acepción del concepto
Pensar la cultura desde la más amplia concepción del concepto implica el ser y el quehacer de nuestra vida.
La cultura es un proceso colectivo e individual. En la formación cultural de cada ser humano influyen sus hábitos, las tradiciones, los mitos, los saberes, el disfrute descubierto tras desarrollar la curiosidad. Un aspecto esencial es el ámbito familiar. El hogar donde nacemos y crecemos. Ambas atmósferas determinan en el ser y el quehacer.
Sin dudas, el cultivo personal motiva las capacidades creativas.
Elegir la música de calidad artística, las cinematografías y los audiovisuales que nos enseñen y abran nuevos caminos hacia el conocimiento. Intercambiar ideas, pensamientos, actitudes positivas forma parte de la construcción de la cultura desde edades tempranas.
Quizás poco lo meditamos: aprendemos cada día. De lo positivo y de lo negativo. De lo que escuchamos y de lo que decimos.
La cultura es una construcción individual y colectiva.
Se expresa en cómo hablamos, la forma de entender nuestra existencia, y de cultivarnos los sentimientos para ser mejores personas.
Edificar una vida interior rica exige de la espiritualidad y de los hallazgos encontrados al azar. ¿Un ejemplo? La amistad de alguien desconocido que de pronto te brinda solidaridad. Es una cultura adquirida, necesaria e imprescindible para seguir siendo un ser humanista y feliz.

