A 50 años del crimen de Barbados, el dolor sigue multiplicado

A 50 años del crimen de Barbados, el dolor sigue multiplicado
Foto tomada de Minfar

El crimen de Barbados continúa siendo la más dolorosa e indignante síntesis de la inmensa cadena de agresiones sufridas por Cuba desde el triunfo revolucionario, que incluyó atentados a embajadas cubanas en varios países y la Misión de Cuba ante la ONU, los ataques de lanchas piratas procedentes de La Florida a barcos pesqueros cubanos, por solo citar algunos ejemplos. Cada 6 de octubre, en Cuba se conmemora el Día de las víctimas del terrorismo de Estado.

El golpe fue artero, vil, traicionero, cobarde. Cincuenta y siete hermanos (entre las 73 personas a bordo de la aeronave CU-455 de Cubana de Aviación), forjados en el combate de cada día, hechos al sacrificio y al tesón. Han transcurrido cinco décadas de aquel horrible acto terrorista y aún permanece sin justicia, pese a las abrumadoras pruebas presentadas ante el mundo.

Por Miami se movieron libremente durante décadas, impunes, aquellos autores horrendos del crimen: Luis Posada Carriles, Orlando Bosch, Freddy Lugo y Hernán Ricardo, estos últimos ejecutores materiales del sabotaje.

No serían 73 las víctimas, sino 75, porque dos pasajeras estaban embarazadas: la atleta Nancy Uranga Romagosa (22 años), ganadora del florete individual y por equipos en aquel IV Campeonato Centro-Caribe de Esgrima celebrado en Venezuela, que formaba parte del valioso equipo de 16 atletas que ganaron 13 medallas, más del 50% de las 24 que estaban en disputa. La otra víctima gestante, Sonia Coto Rodríguez (33 años), trabajaba en el sector de la pesca en Cuba.

Foto tomada de Prensa Latina

Beatriz Márquez, la querida y reconocida cantante, compositora y pianista cubana, formaba parte de una representación artística y estaba incluida en la lista de pasajeros que debía regresar a Cuba por la misma vía que lo hicieron los miembros de la delegación deportiva. Pero fue llamada para otro evento y se quedó para otro vuelo.

Ella tuvo por esos días previos muchos contactos con los esgrimistas, cenó con ellos y éstos presenciaron su actuación. Ha confesado muchas veces el impacto violento que le causó la noticia de las explosiones del avión y la pérdida de vidas tan valiosas. Para ella fue demoledor el crimen, le costó mucho trabajo reponerse y pensar que pudo morir junto a estos, de haberse montado en el avión aquel 6 de octubre de 1976.

El dolor desbordado no tiene riberas, a pesar de los 50 años transcurridos. El gran monumento a las víctimas del crimen de Barbados está en la unidad y la fortaleza de un pueblo que ha sabido enfrentar todas las amenazas y actos, descubrir la verdad y denunciarlas ante la opinión pública internacional, que ha sabido enfrentar al más poderoso imperio con dignidad, justicia y  la convicción de vencer.

En señal de recordación y tributo, alcemos la voluntad, la contenida ira, la indignación tremenda, como siempre lo hemos hecho, y preparémonos para el próximo combate.

Ana Rosa Perdomo Sangermés