Alfredo Gómez Gendra, mártir de educación cubana

Alfredo Gómez Gendra, mártir de educación cubana

Contaba 19 febreros el alfabetizador Alfredo Gómez Gendra cuando un desafortunado accidente tronchó su valiosa vida convirtiéndolo en uno de los primeros mártires de la educación en Cuba.

En los anales de la Campaña de Alfabetización, la figura del joven maestro voluntario resplandece con la luz de los que se entregan por completo a un ideal.

Nacido el 10 de febrero de 1941 en el seno de una familia humilde del Reparto San Pedro, en Guanabacoa, personifica los valores más altos de la juventud revolucionaria cubana de principios de los años 60.

Desde muy temprana edad, Alfredo demostró una profunda admiración por el ideario de José Martí, un sentimiento que marcaría el rumbo de su corta pero intensa vida. Apenas iniciada la Revolución Cubana, se incorporó a las tareas de vigilancia en el Ejército Rebelde, demostrando que las necesidades de la Patria estaban siempre en primer plano.

Su compromiso social y su espíritu de servicio lo llevaron a dar el paso más trascendental de su vida cuando, el 22 de abril de 1960, Fidel Castro hizo un llamado a los jóvenes para que llevaran la educación a las zonas más intrincadas de la nación. Sin dudarlo, Alfredo se inscribió de inmediato, convirtiéndose en miembro del Primer Contingente de Maestros Voluntarios. Este acto fue especialmente significativo, pues era hijo único y lo dejaba todo atrás para unirse a la gesta educacional.

Los valores humanos de Alfredo Gómez Gendra se manifestaron con claridad meridiana en su corto tiempo como maestro en formación. El propio relato de la época destaca que, en el tiempo que compartió con sus compañeros en el campamento, supo demostrar «una actitud correcta, disposición firme, ganándose el prestigio entre sus compañeros». Era un joven que mostraba un profundo amor por sus padres, pero que anteponía la Revolución y el deber con los más necesitados, inspirado en el principio martiano de que “Al venir a la tierra, todo hombre tiene derecho a que se le eduque y, después, en pago, el deber de contribuir a la educación de los demás”.

La tragedia que segó su vida fue, paradójicamente, la máxima expresión de su espíritu de abnegación. El 11 de junio de 1960, un fuerte temporal hizo crecer peligrosamente el río Los Cocos, en la Sierra Maestra. Ante la adversidad, Alfredo no dudó en ayudar a cruzar el torrentoso río a sus compañeras del campamento, en un acto de valentía y solidaridad que lo define, pero fue arrastrado por la corriente y perdió la vida. Su muerte, una de las primeras entre los maestros voluntarios, causó una profunda tristeza en todo el país.

Sin embargo, su legado no se perdió en el agua turbia del río. En su honor, el campamento donde se preparaba pasó a llevar su nombre, y su recuerdo se perpetúa en la memoria de la nación.

La imagen de Alfredo Gómez Gendra permanece como un símbolo del educador revolucionario, dispuesto a que las aulas de las montañas «no se cierren jamás». Su vida, aunque breve, fue un testimonio elocuente de amor filial, patriotismo, sentido del deber, solidaridad y valentía.

En él, la generosidad de la juventud cubana encontró uno de sus mártires más puros, un joven que ofrendó su vida para que otros pudieran cruzar el río hacia un futuro de conocimiento y libertad. En su honor, varias instituciones cubanas llevan su nombre.

Gilberto González García