Alfredo Guevara, pensamiento crítico en beneficio de la cultura y la espiritualidad
A velocidades impensadas se multiplican cámaras, sonidos, imágenes y micrófonos por doquier. Lo “real” protagoniza construcciones cinematográficas y audiovisuales.
El entretenimiento y la información son paquetes entregados a domicilios sin límites de fronteras. Existen diferencias locales y regionales; no obstante, viajan raudos productos estandarizados y colonizadores que instauran banalizaciones en detrimento de la inteligencia lectora. Pensemos en estas problemáticas
Es preciso ver y comprender las obras de artistas consagrados y jóvenes empeñados en ampliar los universos cognoscitivos de las mayorías.
Muchos de ellos han dejado sus legados en el sistema institucional.
Lo ilustra, desde el 24 de marzo de 1959, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic). Fue la primera institución fundada por la Revolución. En ella, alertó quien fuera su fundador y presidente, Alfredo Guevara: “Nuestra lengua es la imagen. Ésta nos permite expresarnos, decir, analizar. Poética o cruda y directamente, develando las mil facetas de la fantasía o entregándonos a la más serena e implacable decepción, el cine nos permite apresar la realidad y re-crearla artísticamente y substantivamente”.
El destacado intelectual llamó al fortalecimiento de cada colectivo capaz, creativo y puntualizó: “Por ello, la formación técnica, la experiencia práctica, la cultura y la sensibilidad dé cada uno de los miembros del equipo resultan tan importantes”.
Merece que su legado sea estudiado. Publicaciones e imágenes le rendirán homenaje en el stand de Ediciones Icaic, durante la 34º Feria Internacional del Libro en La Habana.
Reflexionemos, el cine que vemos en las pantallas grandes o pequeñas y el medio televisual incorpora tantas complejidades como la vida. Sin dudas, parte de una premisa esencial: es arte e industria. La construcción de este sentido plantea e implica recursos, no solo el tratamiento de contenidos fundamentales: violencias, soledades y desamparos. Sino conceptos dramatúrgicos, qué se dice, cómo se dice, para quién se dice. Esta tríada es fundamental durante el proceso creativo para emocionar al ser humano. Si alguno de sus elementos no es considerado se afecta la calidad de la historia, la densidad dramatúrgica de la narración y su artisticidad.
Quienes crean deben mantenerse ajenos a lo retórico del didactismo –que no excluye la didáctica-. El arte educa cuando enriquece la sensibilidad. Y para lograr-lo sugiere e interroga; solo así es posible llegar a las almas y a las conciencias.
Pensémoslo.

