Aniversario 150 del natalicio de Panchito Gómez Toro
El apodo de El Mambisito lo ganó Francisco Gómez Toro (Panchito) desde su nacimiento hace 150 años, el 11 de marzo de 1876, en plena manigua redentora de la zona central de Cuba, donde era frecuente escuchar el silbido de las balas.
Su humilde casa era una cabaña de yaguas y guano con piso de tierra, donde reinaba el amor hogareño de sus padres Máximo y Bernarda, quienes vivieron fogueados en la contienda bélica iniciada por Carlos Manuel de Céspedes y un grupo de patriotas ocho años antes.
Sin embargo, luego de la alegría inicial por el éxito del parto y la buena salud de madre e hijo, una gran preocupación tenía su padre, el Generalísimo Gómez, por las inquietudes que lo acompañaban desde hacía algún tiempo. No obstante sus recientes triunfos en los cerros del Jíbaro y el cafetal González, la situación de la campaña de Las Villas no era la mejor, debido a los sucesos de Laguna de Varona que habían dejado secuelas de indisciplinas y regionalismo.
Muchos montes tuvieron que desandar con Panchito a cuestas, evadiendo al enemigo español, hasta que dos años después partieron hacia al exilio. Fueron diez años de peregrinaje por Jamaica, Honduras y Nueva Orleans, logrando establecerse finalmente en Santo Domingo, en una finca cerca de Montecristi.
Sus hermanos apreciaban los valores de Panchito, a quien describían como un muchacho afectuoso, aunque retraído y pensador, que siempre les estaba hablando del deber para con la Patria, con los padres, con los amigos… Destacaban en él que era un apasionado de la lectura, parco en hablar pero fluido y amplio al escribir, caballeroso con las damas y de un sentir de reverente pasión por la mujer.
Decisiva fue la influencia de José Martí en su quehacer y pensar, y por eso lo llamaba Su Maestro. Ambos recorrieron ciudades norteamericanas, Jamaica y Costa Rica en el tiempo que Gómez lo dejó a su cuidado, lo que hizo posible una bella e indisoluble unión.
Panchito pronunció discursos revolucionarios ante los tabaqueros cubanos en el exilio; contribuyó a la organización clubes del Partido Revolucionario Cubano, y se encontró en Costa Rica con Antonio y José Maceo, así como con Flor Crombet, para después regresar a Cuba para luchar por su libertad al lado del Titán de Bronce, dando muestras de valentía, firmeza y lealtad hasta el último minuto de su corta existencia, de apenas 20 años.
Al recuerdo de su heroica vida acuden hoy las nuevas generaciones, conscientes de la necesidad de aprender sobre sus valores y su resuelta entrega al deber para con la Patria, destacando también la urgencia de estudiar su ideario político, que nos recuerda que «no hay necesidad de estar triste en este mundo, sino cuando falta algún deber que llenar» y “el mérito no puede heredarse, hay que ganarlo”.

