La valentía y audacia de Fidel Castro son lecciones permanentes. ¡Cómo olvidar que tomó el cielo por asalto en una madrugada de julio con apenas unas pocas escopetas de cazar pájaros para, después del revés, reiniciar la contienda martiana truncada en 1898 por los Estados Unidos y lograr la libertad de los cubanos!
Autor: Ana Rosa Perdomo Sangermés
Aniversario 34 del acto de despedida por el Comandante en Jefe Fidel Castro, en el duelo del suboficial Rolando Pérez Quintosa.
Con la explosión de su gran buque de guerra -el crucero acorazado Maine- que estaba fondeado en la Bahía de La Habana, el gobierno de los Estados Unidos puso en práctica el 15 de febrero de 1898, de manera deliberada, una nueva variante de autoagresión que utilizó como arma de guerra.
El amor a la Patria, tan urgente y necesario hoy, es uno de los valores supremos de la sociedad cubana, junto a la identidad y la conciencia nacional.
Esa valoración descansa en sus méritos como combatiente de las tres guerras del siglo XIX (la de los Diez Años, la Guerra Chiquita y la iniciada en 1895).
Desde el 7 de febrero de 1959, apenas un mes y seis días después del triunfo revolucionario, el pueblo cubano consideró a Ernesto Che Guevara como uno de los suyos. El Consejo de Ministros, presidido por el Comandante en Jefe Fidel Castro y reunido en pleno ese día, distinguió al argentino como ciudadano cubano por nacimiento.
En gigantesca y combativa Asamblea General, el 4 de febrero de 1962 el pueblo cubano suscribió la histórica Segunda Declaración de La Habana.
La vida y obra de Ana Betancourt de Mora ha sido honrada con merecimiento a lo largo de nuestra Revolución y mucho más desde 1974, al aprobarse la orden que lleva su nombre

