El mes de noviembre nos trae a la memoria importantes acontecimientos de nuestra historia, páginas llenas de heroísmo de sus protagonistas. Coinciden en el día 8 los asesinatos –hace 67 años– de los revolucionarios clandestinos Ángel Ameijeiras Delgado (Machaco), Pedro Gutiérrez Hernández y Rogelio Perea Suárez (Rojito), en los sucesos de Goicuría y O’farrill, y el aniversario 95 del natalicio de Manuel (Piti) Fajardo Rivero, combatiente del Ejército Rebelde
Autor: Ana Rosa Perdomo Sangermés
Fue el primer rayo de luz que anunció el inicio del fin de la interminable noche vivida por la humanidad hasta entonces. Como vaticinara Carlos Marx, el hombre dejaba de vivir en prehistoria para empezar a escribir su verdadera historia.
En Abel Santamaría Cuadrado, el alma del Movimiento Revolucionario 26 de Julio -como lo reconociera Fidel-, germinaron desde su niñez valores y cualidades que le acompañaron durante su fructífera pero corta existencia.
Han transcurrido 65 años, desde la noche de 15 de octubre de 1960, cuando en una comparecencia televisiva Comandante en Jefe Fidel Castro proclamó que los objetivos enunciados en La Historia me Absolverá, fueron cumplidos a menos de dos años del triunfo revolucionario.
El 13 de octubre de 1960, hace ya 65 años, en la reunión del Consejo de Ministros se acordaba la nacionalización de 382 grandes empresas industriales y comerciales pertenecientes a la burguesía cubana, y de los bancos cubanos y extranjeros, con exclusión de los canadienses que estaban prestando un servicio internacional al Gobierno.
Nuestro Héroe Nacional José Martí se convirtió en defensor de la celebración del 10 de Octubre cuando radicaba en Estados Unidos, específicamente en Nueva York, y organizaba las fuerzas de los cubanos para la pelea contra el sistema colonial y por la emancipación de la Patria.
En la conmemoración del centenario del inicio de nuestras luchas de liberación nacional, Fidel ratificaba: “…esas banderas y lo que ellas representan serán defendidas por nuestro pueblo hasta la última gota de su sangre”.
Los progresistas de todo el mundo, los defensores de la paz y la justicia, los revolucionarios todos, albergan en su corazón y en su mente a Ernesto Guevara de la Serna, el Che, como ejemplo extraordinario del hombre al que, sin el afán de imitarlo mecánicamente, tratan de acercarse por su dimensión y sus valores.

