Bola de Nieve, tan cubano y universal
El municipio habanero de Guanabacoa ha sido identificado siempre como la cuna de ilustres músicos cubanos, entre los que destacan el pianista Ernesto Lecuona Casado, la cantante Rita Montaner “La Única”, el pianista concertista José Echániz, el destacado compositor Juan Arrondo, el cantautor Carlos Puebla y el inigualable cantante, pianista y compositor Ignacio Villa Fernández, a quien todos identifican como el gran Bola de Nieve y que hoy se recuerda especialmente en ocasión del aniversario 115 de su natalicio.
Bola de Nieve demostró un talento innato y genuino para la música e indudablemente llegó a convertirse en una leyenda, una de las personalidades icónicas que perdura en la memoria de las artes y la cultura cubana, y por su excelencia como pianista acompañante. Del seno de una familia humilde vio la luz el 11 de septiembre de 1911.
El curso de su vida musical fue gracias a Inés, la madre, que lo embulló para que matriculara teoría y solfeo con el maestro Gerardo Guanche, y piano en el conservatorio Matéu, de Guanabacoa. Ella, que siempre la conocían como la alegre bailadora de rumba, la cuentera maravillosa, amiga de músicos, escritores y pintores, anfitriona ejemplar de fiestas que terminaban siempre en una rumba de cajón, le impregnó a su hijo desde pequeño el amor y la pasión por la música, por la canción toda. De ahí que su infancia transcurriera en el mundo de música y danzas, sobre todo en las fiestas de bembé, el ritual de origen africano caracterizado por toque de tambores.

Con la calidad de su música y su actitud desafiante, rompió barreras y desafió los prejuicios de su tiempo. El despegue de su carrera artística llegó cuando comenzó a trabajar como pianista acompañante de Rita Montaner, con la que trabajó durante dieciocho años y con quien viajó a México en 1933 donde triunfaron. Juntos se presentaron también en los escenarios más prestigiosos de Hispanoamérica y los Estados Unidos. Tras su exitosa gira con Rita actuó como solista por las más importantes ciudades de América y Europa alcanzando una gran popularidad como intérprete y compositor por su estilo peculiar lleno de gracia, carisma personal y genuina cubanía.
Bola de Nieve quedó para su vida como un sobrenombre artístico. El artista poseía un variado repertorio, interpretó canciones tanto de su inspiración como de destacados compositores, que en su voz cobraban un matiz especial, puramente intimista y personal. Cultivó con éxito la canción afrocubana, de las que destacan sus interpretaciones de los Motivos de Son, con textos del poeta nacional Nicolás Guillén.

Sin poseer una técnica vocal depurada, su voz se hizo inconfundible; sólo él sabía dar ese toque especial de vivir e interpretar la música. Había reconocido: “Si hubiera tenido voz hubiera cantado en serio, me hubiera gustado cantar ópera… Siempre he dicho que yo no canto, sino que expreso lo que las canciones, pregones o poemas musicalizados tienen dentro. Cultivo la expresión más que la impresión. No me interesa impresionar. Lo que me interesa es tocar la sensibilidad del que escucha…”
Muy ciertas sus confesiones, porque poseía un carisma arrollador que cautivaba a todos los que lo rodeaban. Pero más allá, lo que realmente lo distinguía era su humanidad y su sentido de la justicia, un artista que poseía el talento necesario para tocar los corazones de todo el mundo.

