Bonifacio Byrne: la Patria en sus encendidos versos
En momentos decisivos de la historia de la Revolución Cubana, cuando las presiones coloniales o imperialistas han incidido con más saña, varias generaciones de los nacidos en esta tierra rebelde han tenido presente la esencia y el fuerte compromiso que irradia el poema Mi bandera, que con sublimes letras escribiera Bonifacio Byrne (1861-1935).
Al conmemorar este 3 de marzo el aniversario 165 del natalicio de este poeta y patriota indiscutible, se recuerdan esos vibrantes versos, escritos con pasión y amor patrio, y muchos años después retomados por el Comandante Camilo Cienfuegos, el Héroe de Yaguajay, que en momentos de definiciones resaltaba su última estrofa: «Si deshecha en menudos pedazos/ llega a ser mi bandera algún día/ nuestros muertos alzando los brazos/ la sabrán defender todavía».
Desde la temprana enseñanza, en las escuelas cubanas, este hermoso poema que enaltece la nación es ampliamente conocido y repetido por niños, adolescentes y jóvenes en matutinos, actos, marchas, como símbolo de reafirmación revolucionaria, como hito enaltecedor de nuestra bandera de la estrella solitaria.
Bonifacio Byrne era perseguido en Cuba por las fuerzas colonialistas españolas, acusado de separatista, y en 1896 tuvo que emigrar hacia Tampa (Estados Unidos). A su regreso, encuentra dos banderas ondeando en la bahía de La Habana: una, la de la estrella solitaria; otra, la de las barras y las estrellitas.
El también identificado como el Poeta de la Bandera pudo constatar la intromisión de los norteamericanos en los destinos de su amada patria. Así describía su congoja este creador matancero: «Afanoso busqué mi bandera y otra he visto además de la mía». Sin dudas, una alerta ante el expansionismo y la injerencia de Estados Unidos, una fotografía en versos de lo que vivía Cuba en esos momentos.
Pero su obra poética fue mucho más allá con Efigies, donde incluyó sus poemas patrióticos. Incursionó en la prensa, la literatura y el teatro. Se considera que su obra más completa fue En el medio del camino, que expresa su postura y su inclinación martiana. En su libro Lira y Espada defiende con las ansias de José Martí la identidad y soberanía de su tierra natal.
La vigencia de su obra comprometida nos hace regresar a él ante cada amenaza de agresión a Cuba y el llamado para la defensa de la patria. Las actuales generaciones, y las venideras, encontrarán siempre en su vida y en su obra el ejemplo de un hombre de su tiempo al que no le fueron ajenos los aconteceres patrios y utilizó su enérgica pluma para denunciar -sobre todo- el intervencionismo norteamericano, al que se opuso siempre resueltamente.

