El arte de Antonio Ruiz Soler
El más clásico baile flamenco tuvo, en el sevillano Antonio Ruiz Soler, a uno de sus más fecundos e inspirados intérpretes. Quien llegó a ser conocido en medio mundo como «Antonio El Bailarín», elevando a rango internacional los valores de la tradición folclórica española.
Cuba aplaudió en dos ocasiones a la joven pareja de Antonio El Bailarín y Rosario, durante una gira por Latinoamérica que iniciaron en 1938, y se prolongó durante doce años.
Tanto tiempo, permitió que la crítica pudiera reseñar el baile y el concepto intelectual coreográfico de aquellos.
Fue una etapa de arte joven y gran actividad creadora que dejó atrás una abundante estera de tanguillos, alegrías, farrucas, serranas, gitanas, soleares y fandangos por verdiales, del repertorio tradicional de la danza española.
Después, Antonio El Bailarín decidió continuar solo. Y bien lo hizo.
Coreografió dos sonatas del Padre Antonio Soler y, el célebre bailarín y coreógrafo Leónide Massine le propuso bailar, como primera figura, El sombrero de tres picos, que acompañó con el Capricho español, de Nikolái Rimski-Kórsakov, en La Scala de Milán. Dicen que la prestigiosa sala coronó sus éxitos.
Y de vuelta a España, en 1953, Antonio Ruiz Soler fundó su primera compañía para avanzar por el año que, quizás llegó a valorar más, entre toda su carrera artística.
Cita en Enciclopedia es una realización de Ignacio Cruz Ortega; en la entrega del sonido Julio Cardet Leyva; la asesora es Mabel Díaz; y en la locución, Marta Ríos y María Ercilia.

