Historias para ser escuchadas y leídas
¿Escuchar un audiolibro se considera una lectura? Esta interrogante genera otras: ¿Qué zonas del cerebro se activan al consumir un texto escrito o solo escuchado? ¿Desaparecerá el libro impreso en el futuro?
Pensemos en el referido panorama sobre la experiencia de leer.
Con independencia de la posición que se asuma; no hay dudas: el audiolibro es un formato en plena expansión por el mundo. Incluso nutre la capacidad de llegar a quienes poco han leído en papel. Hacerlo en dispositivos electrónicos, patentiza que todo vehículo para transmitir los saberes debe ser aprovechado.
Incluso, la denominación de libro hablado de ningún modo es exacta. Pues implica a la autoría de los volúmenes y a quienes participan en la locución de cada volumen. Son notables ejemplos las vivencias de jóvenes participantes con sus voces al recrear el epistolario de Gertrudis Gómez de Avellaneda, y la novela Cecilia Valdés y el Ismaelillo. La identificación lograda con cada proyecto influye en sonoridades y ritmos de los relatos y muestra sentimientos de cada autor o autora. Ambas atmósferas activan favorablemente el proceso cerebral y la satisfacción personal de gozo emocional.
Recordemos, con la génesis misma del libro, se vaticinaron amenazas que lo llevarían a la muerte. No obstante, el libro sobrevive.
Ya se decía: desde la aparición de la radio, las personas leerán menos para concentrarse en la escucha. También ocurrió con el surgimiento del cine, el video y la televisión. Sin embargo, el libro impreso mantiene su supremacía cautivadora.
Por diferentes caminos es importante revalorizar el producto libro como tal en ambos soportes. Reconocer esta esencia alimenta el conocimiento y la cultura de las personas desde edades tempranas.

